En Roma el reloj marcaba ayer las 18:00 horas (10:00 de Guatemala). De un momento a otro, los gestos ansiosos y cansados por una larga espera cambiaron a gritos y aplausos, los cuales se esparcieron por toda la plaza de Bernini y la Vía de la Conciliación. Una abundante fumata blanca, proveniente de la pequeña chimenea sobre la Capilla Sixtina, anunciaba a todo el orbe que la sede volvía a estar ocupada.
Una hora después, vestido con la tradicional mozzetta roja y la estola papal, cruzó la puerta del balcón de la Loggia delle Benedizioni (Logia de las Bendiciones), de la basílica vaticana, frente a la Plaza de San Pedro, el que se convirtió en el papa 267 de la historia el cardenal Robert Francis Prevost, quien desde ahora pidió ser llamado León XIV.

El segundo americano
Tiene 69 años y, tras de sí, lleva un preparado currículum eclesiástico. Desde su ordenación sacerdotal en 1982, su estancia de 2015 a 2023 como obispo misionero en Chiclayo, Perú, donde fue nacionalizado, hasta su nombramiento como prefecto del Dicasterio para los Obispos. En 2025 se convirtió en el primer Vicario de Cristo proveniente de Estados Unidos y con nacionalidad peruana.
Para el padre Manuel Chilín, párroco de la iglesia Nuestra Señora de los Remedios, El Calvario, es motivo de esperanza que el nuevo obispo de Roma provenga del continente americano, pues esto supone que conoce de primera mano la importancia y los retos que envuelven a esta parte de la tierra.
Un cónclave veloz
Una expectante atención se centró en el cónclave de los 133 cardenales con derecho a voto. En tan solo dos días y cuatro votaciones, sorprende la prontitud con la que Prevost fue escogido. Se le puede considerar una elección rápida, y con la misma duración que cuando fue seleccionado Benedicto XVI. En cambio, el de 2013, en el que fue electo su predecesor, tuvo una duración de dos días, pero cinco sesiones.
Chilín calificó el proceso de “ágil y guiado por el Espíritu Santo”, y apuntó la extensión como una muestra clara del gran consenso existente entre diversos purpurados, así como su deseo de continuar con el camino trazado por Francisco.
El encuentro más largo de la historia tuvo lugar en Viterbo, entre 1268 y 1271, un total de dos años y nueve meses en los que fue elegido Gregorio X. Por el contrario, el más corto fue cuando fue designado Pío XII, en 1939, con tan solo 20 horas y tres votaciones.
El peso del nombre
Uno de los detalles más llamativos es su apelativo. A lo largo de la historia, la Iglesia católica ha tenido 13 santos padres llamados León, lo que lo convierte en el sexto nombre más utilizado. De ellos, tres fueron canonizados —San León I el Magno, San León II y San León III— y uno fue beatificado, el Beato León IX.
Varios de sus antecesores con este renombre lideraron la Iglesia en momentos de profunda crisis social o transformación religiosa, y dejaron huella por su firmeza doctrinal y su visión pastoral. Entre ellos destacan especialmente San León I (440) y León XIII (1878). Del primero es conocido su encuentro con Atila el Huno, a quien persuadió de no atacar Roma, doctor de la Iglesia y defensor en tiempos de herejía. El segundo es recordado por su fuerte labor en favor de los derechos de los trabajadores explotados durante la Revolución Industrial; ante ello, escribió su famosa encíclica Rerum Novarum, en la que se establecen las bases de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), la formación de sindicatos y la oposición tanto al socialismo como al capitalismo depredador. De esto se espera un pontificado con una fuerte consciencia y justicia social.
En relación con esto último, resalta su conexión con el arcángel Miguel. León XIII escribió e introdujo el famoso Exorcismo de San Miguel Arcángel, que mandó que fuera rezado después de cada misa. Por su lado, León XIV fue electo un 8 de mayo, día en que se recuerda una de las pocas apariciones aprobadas por la Santa Sede de este ser angelical, acontecidas en el Monte Gargano, Italia. Asimismo, en sus primeras palabras refirió la siguiente frase: “El mal no prevalecerá”, idea asociada con este ángel, defensor contra el demonio.
Derivado de esto, la feligresía católica eleva sus esperanzas hacia quien lleva tras de sí el legado de estos grandes pontífices.
Su primer discurso
Luego de la famosa declaración del Habemus papam, pronunciada por el cardenal francés Dominique Mamberti, el líder de más de 1 mil 406 millones de personas, según la Oficina Central de Estadísticas de la Santa Sede, dirigió su primer discurso. La temática fue sobre la paz en un mundo cada vez más dividido por la guerra y una congregación polarizada. Ello resultó conmovedor y adecuado de hablar en este momento.
De igual manera, hizo bastantes referencias hacia Francisco, su ideal de unidad, cercanía y diálogo. De esto, el padre Chilín subrayó el llamado que efectuó a seguir construyendo una iglesia misionera, abierta y acogedora; elementos que reafirman el camino sinodal iniciado con anterioridad.
León se realzó como el hijo de San Agustín que siempre ha sido. Por su identidad de fraile agustino, es conocedor de la riqueza teológica de su fundador, del cual citó: “Con ustedes soy cristiano, y para ustedes, obispo”, una alusión a la cercanía que desea tener con su pueblo, y agregó: “En este sentido, podemos todos caminar juntos hacia esa patria que Dios nos ha preparado”.
Tuvo un gesto significativo que no pasó inadvertido. Dirigió un emotivo saludo en español a su Diócesis de Chiclayo, a la que describió como una comunidad fiel y entregada a Cristo. Un acto especialmente valorado por los católicos hispanohablantes, quienes agradecieron poder escuchar al santo padre expresarse en su idioma.

En continuidad con Francisco
Para el parecer del sacerdote Manuel Chilín, este discurso es una reafirmación de los ideales que se seguirán en esta nueva etapa de la Iglesia, valores ya propuestos desde el pontificado antecesor, que se distinguió por ser bastante humano. Su liderazgo dejó una huella significativa en la feligresía, destacándose por escuchar a los jóvenes y a sectores alejados de la institución, como la comunidad LGBTIQ+. Además, impulsó una renovación en la forma de comunicar la fe, promoviendo un estilo más empático y contemporáneo.
El clérigo también reflexionó sobre los numerosos desafíos que hereda el obispo romano, “la continuidad de la reforma de la Curia Vaticana, las relaciones diplomáticas con los Estados, y el papel de la Iglesia en los procesos de paz y reconciliación”, a lo que se le puede agregar el vínculo que debe desarrollar entre los purpurados liberales y los conservadores.
Prevost, caracterizado por su carisma agustiniano, se perfila como un líder con una mayor orientación hacia la interioridad. Su enfoque doctrinal es más conservador, aunque promueve el diálogo desde una perspectiva introspectiva y teológicamente arraigada. Su atención a los marginados probablemente mantendrá un tono más espiritual que activista, y su discurso social y humano, aunque presente, será menos contundente y mediático que el de su predecesor.

Primera bendición papal
Al finalizar la ceremonia de presentación, León XIV impartió su primera bendición Urbi et Orbi (de la ciudad para el mundo). Quienes asistieron a la Plaza de San Pedro y quienes siguieron la transmisión por los medios de comunicación, como el Diario de Centro América, recibieron una indulgencia plenaria según las condiciones de la Iglesia.
Este resulta ser el primer sumo pontífice proveniente de la orden agustina. A pesar de que otros papas han estado ligados a esta, él es el primero perteneciente a ella.












Deja un comentario