Fuegos provocados

Más de cinco mil hectáreas de bosque fueron consumidas por las llamas de al menos siete incendios forestales que desde el viernes de la semana antepasada arrasaron con la flora y la fauna del Parque Nacional Laguna del Tigre y la biósfera Maya, en Petén. Dichos siniestros se atribuyen no solo a personas que prenden fuego a la maleza para limpiar sus terrenos, sino a grupos criminales dedicados a actividades ilegales buscando despejar el área para fines aviesos.

La falta de conciencia ambiental y el desconocimiento de la protección de los ecosistemas producen que acciones humanas contaminen el medioambiente, causándole daños irreversibles al planeta. Los recientes incendios que extinguieron miles de hectáreas en áreas protegidas peteneras vuelven a desnudar la vulnerabilidad a la cual estamos expuestos como país ante las tragedias ecológicas. Según la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), en el año van 513 siniestros en el territorio nacional, en su mayoría causados por los seres humanos.

Situación preocupante y alarmante tanto para las comunidades cercanas a esas igniciones como para la población en general, pues 21 incendios que estuvieron activos han deteriorado, aún más, el ambiente de nuestros ecosistemas. Las alertas emitidas derivado de la propagación de los fuegos en áreas forestales van desde amarilla y naranja hasta roja en el departamento de Petén. En tal sentido, el organismo Ejecutivo declaró el 18 de abril de 2017 estado de calamidad por los incendios que afectan a 20 de 22 departamentos. La medida tendrá vigencia 30 días y fue publicada en el Diario de Centro América el 19 del mismo mes y año, por medio del Decreto Gubernativo 1-2017. Ahora corresponderá al Congreso, en los tres días siguientes, conocerlo, ratificarlo, modificarlo o improbarlo.

Hay que hacer hincapié en las precauciones que minimicen el impacto ambiental, pues por la época seca y la mala intención de gente inescrupulosa que pretende su beneficio a costa de las reservas naturales se elevan los riesgos de esos siniestros. Podemos coadyuvar con no lanzar cerillos o cigarros encendidos en medio del bosque, ni botellas de vidrio o pedazos de cristal en regiones selváticas, pues puede iniciarse el fuego por el efecto lupa con los rayos del Sol, y evitar fogatas, ya que una flama puede causar un incendio de magnitudes incalculables. Así también, hay que fomentar la cultura de denuncia para la conservación de nuestros bosques e impedir desastres naturales provocados que afecten miles de hectáreas, originando diversos efectos al suelo, la flora y la fauna, así como a los bienes y servicios ambientales, como el agua disponible en el subsuelo, captura de carbono, emisión de oxígeno, alimentación y composición de la biodiversidad. No seamos cómplices de la descomposición de nuestro hábitat; no destruyamos los escasos bosques que aún poseemos, castigando la vida de los seres vivos que cohabitan con nosotros. De seguir así, ¿en cuánto tiempo más tendremos tierras desérticas? ¿Dónde quedó tu conciencia territorial?

Redacción DCA