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COLUMNAS

Flanders contra el manga (II)

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Paco Sánchez Periodista y profesor titular de la Universidade da Coruña
@pacosanchez

Pasa lo mismo con referencias históricas o con noticias del día. Pregunto si sabían aquello. Responden
que no y se extrañan. Miran en Google y se escandalizan: hay tantísimos miles de puestos de trabajo sin cubrir en España… Dicen que no puede ser.

Uno que provenía de la América española y escribe mejor en inglés que en castellano me contó que en su país las iglesias católicas tienen cárceles y calabozos en los sótanos. Me reí, pero él siguió tan serio. No lo decía de broma.

Tampoco pretendía elaborar una imagen o un juego de palabras. Me asusté un poco. Le pregunté si había visitado alguna.

El punto de partida básico de cualquier comunicación: qué sabe el otro y qué ignora.

Dijo que no, pero que le constaba que existían. Le dije que quizá en algún fuerte español el calabozo coincidía debajo de la capilla…El chaval ni estaba ideologizado ni cabía considerarlo obtuso. Era un desheredado, como diría François-Xavier Bellamy, alguien a quien no entregaron la herencia cultural que le pertenecía y, al robársela, le privaron de un capital enorme. La culpa no es suya.

Digo todo esto porque cada vez me cuesta más saber lo que saben, que es el punto de partida básico de cualquier comunicación: qué sabe el otro y qué ignora. Lo primero resulta imprescindible para no aburrir y lo segundo para hacerse entender. Un día arriesgué con un chaval que no habla y rara vez sonríe: “Pareces salido de un manga”. Es flacucho y llevaba el flequillo sobre los ojos.

Le gustó y contestó rápido, como si ya lo hubiera pensado antes: “Y tú hoy vas vestido como Flanders. Él también es muy católico”. Fui a ver: no sabía que era un personaje de Los Simpson. Y efectivamente, aquel día yo llevaba un pantalón beis y un jersey verde. Eso sí, Ned Flanders es muy evangélico, pero nada católico.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Las raíces y los higos

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Teo Peñarroja
[email protected]
@TeoPenarroja

En el teatro vi Carta de una desconocida, de Stefan Zweig. La sala está a oscuras, con ese silencio como hacia dentro del terciopelo rojo y, sobre el escenario, la única actriz, en batín, bebe con parsimonia una botella de arsénico.

Su hijo acaba de morir y ella quiere morirse, pero antes necesita escribirle una carta al hombre al que amó desde que se mudó a la puerta de enfrente cuando ella tenía doce años. Le cuenta casi con furia cómo lo espiaba de pequeña, cómo hizo lo indecible para captar su atención cuando su feminidad por fin extendió sus alas, cómo él se arrojó en sus brazos una noche, dos, tres, para luego fingir un viaje y no volver a verla.

Ese cruce de miradas conjura todo el drama de la obra.

La mujer le cuenta que el difunto niño era fruto de una de esas ocasiones. Y le explica cómo, años después, volvieron a encontrarse en una sala de fiestas y se marcharon juntos.

El clímax de la obra viene a la mañana siguiente, cuando él le desliza unos billetes en el bolso. Herida, en su huida se tropieza con el viejo mayordomo. “Vi en su mirada que me reconoció”, grita (casi rebuzna) la actriz sobre las tablas.

Ese cruce de miradas conjura todo el drama de la obra y, si me apuran, de nuestra sociedad líquida. El corazón de la desconocida se desboca no tanto por amor como por otra exigencia feroz: que la reconozcan. Ser alguien. No un rostro más entre los rostros, no. Alguien.

Pienso en ese grito desesperado cada vez que paso por delante del taller de Paulo y me saluda; cuando Lourdes me da, con el pan, los buenos días; cuando Rita me pregunta en el ascensor si nos apañamos en el piso nuevo; cuando Laura le hace carantoñas a mi hija, que le recuerda a su nieto Juan Diego. Esos gestos diminutos, atrozmente humanos, inasequibles a las estadísticas, construyen un barrio, una ciudad, una vida.

Forman parte de un verbo hoy denostado por los ciudadanos del mundo: arraigar.
Estoy leyendo Echar raíces, de Simone Weil, un ensayo con una intuición urgente: necesitamos una sociedad donde las personas cuenten.

Un árbol desarraigado no puede dar frutos. En cambio, una higuera al borde de una acequia, con sus raíces bien ancladas en sus cuatro palmos de tierra, da buena sombra y buenos higos y protege el suelo de riadas e inundaciones.

Weil señala con lucidez que “echar raíces quizá sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana. Es una de las más difíciles de definir. Un ser humano tiene una raíz en virtud de su participación real, activa y natural en la existencia de una colectividad que conserva vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos presentimientos del futuro”.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Reflexiones sobre el uso de TIC en los juzgados

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Pablo Cantillana

Investigador

A la fecha han pasado más de dos años desde la publicación de la Ley
N° 21.394 que introdujo reformas al sistema de justicia para enfrentar la situación luego del estado de excepción constitucional de catástrofe por calamidad pública, permitiendo de una buena vez, la incorporación de la tecnología en los procedimientos conocidos por los Juzgados de Policía Local en Chile.

Y decimos de una buena vez porque quizás fue lo que a muchos les faltó cuando en 2015 se celebró la entrada en vigor de la Ley N° 20.886 que modificó el Código de Procedimiento Civil para establecer la tramitación digital de los procedimientos judiciales.

A pesar de este gran avance, un número importante de casos aún debían seguir atados al sistema antiguo de tramitación de causas, a saber, las causas de competencia de los Juzgados de Policía Local.

En el papel todo parece perfecto, pero en la práctica actualmente muy pocos juzgados tienen “medios idóneos” para comparecer vía
videoconferencia.

Con todo, la Ley N° 21.394 trajo consigo buenas noticias en esta materia ya que en su artículo 9° dispone una serie de modificaciones a la Ley N° 18.287 que establece el procedimiento ante los juzgados de policía local.

Entre lo estipulado por esta norma destaca la posibilidad de solicitar la notificación a través de correo electrónico; la opción de constituir patrocinio y poder a través de medios electrónicos; y instancia de comparecer a través de videoconferencia a las audiencias fijadas por el juez.

Esta última opción quedó amarrada a un requisito especial, pues sólo se podrá comparecer mediante videoconferencia en caso de que el Juzgado cuente “con los medios idóneos para ello” (parte final del Artículo 7 de la Ley N° 18.287).

En el papel todo parece perfecto, pero en la práctica actualmente muy pocos juzgados tienen “medios idóneos” para comparecer vía videoconferencia.

En el Laboratorio de Justicia Centrada en las Personas de la Facultad de Derecho de la Universidad Adolfo Ibáñez, estamos desarrollando un estudio sobre el impacto de las TIC en el sistema de justicia chileno, en donde de manera preliminar hemos podido advertir que existe una clara brecha de acceso a la justicia en este punto.

Aquellos usuarios que no pueden asistir de manera presencial a una audiencia -adultos mayores, extranjeros residentes en Chile o personas con alguna condición de discapacidad- se ven privados de su derecho a defensa.

Lo anterior se agrava cuando evidenciamos que en los juzgados de policía local existe la posibilidad de que en ciertas causas (generalmente en casos de baja complejidad y cuantía Artículo 7 de la Ley N° 18.287) las personas pueden comparecer personalmente, sin la necesidad de contar con la representación de un abogado.

En estos casos, la imposibilidad de comparecer de manera virtual a las audiencias decretadas por el juez, puede ser una variable que desincentive la resolución de conflictos en los juzgados de policía local.

Las razones que justificarían la decisión de limitar la comparecencia remota en los juzgados de policía local se deben a una cuestión presupuestaria. No todas las municipalidades pueden garantizar medios para la realización de estas audiencias.

De esta forma, el no de los juzgados de policía local apunta a la desigualdad en los recursos de las municipalidades y a la falta de medios idóneos para llevar esto adelante (Unidad de investigación y coordinación del Ministerio de Justicia, 2020).

El Laboratorio de Justicia Centrada en las Personas ha avanzado en este tema identificado los beneficios de los sistemas de videoconferencia en los tribunales de justicia (Informe Acceso a la Justicia y Utilización de TIC en la Justicia, 2023) por lo que su no uso en los juzgados de policía local a la fecha no tiene una justificación razonable.

Entonces, ¿por qué no?

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Sistemas electorales (I)

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Juan Pablo Sims

Investigador del Centro de Estudios de Relaciones Internacionales

La reciente discusión sobre el voto obligatorio en Chile ha suscitado un intenso debate sobre la participación ciudadana y la calidad de nuestra democracia. En este contexto, es crucial recordar una verdad fundamental: las reglas importan, las instituciones importan y, dependiendo de cómo estén diseñadas, los resultados pueden variar significativamente.

El marco normativo que rige nuestras elecciones no es un mero detalle técnico, sino un factor determinante que puede influir en el comportamiento de los votantes, la representatividad de los resultados y, en última instancia, la legitimidad del sistema democrático. Tomemos como ejemplo dos países que sostuvieron elecciones recientemente, Francia y Reino Unido.

Tomemos como ejemplo dos países que sostuvieron elecciones recientemente, Francia y Reino Unido.

El sistema francés fue construido tras el fracaso de la Cuarta República, que duró desde 1946 hasta 1958. Durante esos 12 años, Francia tuvo 26 gobiernos, dos de los cuales estuvieron en el poder solo dos días.

En contraste, la Quinta República, creada por Charles de Gaulle en 1958, fue diseñada para proporcionar mayor estabilidad gracias a un nuevo sistema electoral y, hasta ahora, ha funcionado según lo esperado. En ese sentido, la elección recién pasada tuvo como resultado una Asamblea Nacional dividida, lo que es indudablemente un resultado subóptimo.

No obstante, de igual forma, el sistema electoral funcionó según lo proyectado, dado que permitió la generación de alianzas para bloquear a los extremos. El partido de Le Pen, que se proyectaba obtendría una mayoría absoluta o relativa, terminó en tercer lugar, a pesar de haber sido el bloque más votado con un 37 por ciento del voto, algo así como 10 millones de preferencias.

Al otro lado del Canal de la Mancha, los laboristas obtuvieron una mayoría parlamentaria arrolladora, alcanzando un histórico umbral de 411 escaños. Sin embargo, dicho partido solamente alcanzó el 33.7 por ciento de las preferencias, un poco menos de 10 millones de votos, lo que representa una pérdida de cerca de 500 mil votos respecto a la elección de 2019, donde solamente alcanzaron 211 escaños.

El contraste entre Francia y Reino Unido demuestra cómo diferentes sistemas electorales pueden producir resultados drásticamente distintos con una cantidad similar de votos.

                    Continuará… 

Colaborador DCA
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