Con más de tres décadas dedicadas a descifrar los códigos recónditos del arte religioso guatemalteco, el doctor en Historia del Arte, Fernando Urquizú, ha inquirido desde los intrincados detalles de los retablos coloniales hasta las melodías que acompañan las procesiones de Semana Santa. El investigador ha logrado que más de 300 publicaciones, entre libros, ensayos y recopilaciones, den testimonio de la riqueza cultural que atesora la nación.
En tiempos en los cuales la memoria colectiva enfrenta el olvido, voces como la de Fernando Urquizú nos recuerdan que preservar las tradiciones no es un acto nostálgico, sino una forma de afirmar quiénes somos. Porque en Jocotenango, como en tantas otras manifestaciones culturales del país, el ciudadano es el alma popular.
En esta entrevista, comparte su visión sobre la Feria de Jocotenango, una celebración donde la tradición, la fe y la estética popular se entrelazan con la identidad metropolitana y nacional.
¿Cómo ha cambiado la percepción de la feria a través de los años?
El presidente Rafael Carrera funda la República de Guatemala y al mismo tiempo el imaginario nacional, entonces se va convirtiendo en la feria patronal más importante en las afueras de la ciudad. Eso se corrobora en los libros Cuadros de costumbres, de José Milla y Vidaurre, exfuncionario de su gobierno. Asimismo, el escritor Ramón A. Salazar en su obra El tiempo viejo, publicada en 1877, resaltaba el cortejo procesional del Corpus Christi de la Catedral.
Entonces, durante los gobiernos liberales de Justo Rufino Barrios, esta festividad toma más auge y aparecen otras ferias laicas, por ejemplo, las mundiales de San Francisco, California; de París y la de Chicago. Estas adquieren el carácter comercial, ya que traen guitarras, ganado, cerámicas, entre otros artículos provenientes del interior del país.
Durante el gobierno de José María Reina Barrios se conforma el imaginario nacional, la feria adquiere un carácter chapín, pues se establece con intereses del gobierno y de la Iglesia.
¿Cómo han incidido los gobernantes en esta tradición?
En los años más cercanos recuerdo la Feria de Jocotenango desordenada, ya no era a un sistema de vida como al principio que todos portaban trajes de gala, sino ya era una celebración del pueblo. Y también el conflicto armado interno provoca que se olvide la memoria histórica, desprecio que fue impulsado por la CIA y por medio de los gobiernos como el de Efraín Ríos Montt, el primer presidente apóstata, y Jorge Serrano Elías, que proponen que se termine todo, que se pierda el sentido de la identidad.
El desarrollo de los Acuerdos de Paz prevé en alguna medida la protección de las tradiciones.
Se plantea con el apoyo de la Unesco, que el patrimonio de un país no está consistente solo en sus monumentos, sino que también debe rescatarse el patrimonio intangible del pueblo guatemalteco.
¿Qué personajes dejaron huella en la historia de esta celebración?
Los arzobispos Ricardo Casanova, quien regresó al país de su exilio y reorganiza todas las tradiciones de Guatemala como nosotros las conocemos actualmente, y Luis Durou y Suré, que contribuyó a darle continuidad a la feria, para que se fortalezca la identidad nacional.











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