El artista visual guatemalteco Arnoldo Ramírez Amaya falleció hoy, a los 82 años, luego de una larga carrera en las artes plásticas que le valió numerosos reconocimientos.
Estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, de 1960 a 1964, y se matriculó en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) en 1976.
Con su estilo singular en el trazo de los dibujos de sus personajes, formó parte de una generación de creadores que alzó su lápiz para rechazar los años de la represión policíaca y militar que estremeció al estudiantado y profesorado sancarlista, durante las décadas de los setentas y ochentas.
Entre los murales de su autoría que perviven en el campus de la zona 12 se ubica un testimonial que ambienta espacios contiguos a la Facultad de Derecho.
Muchas de sus obras fueron ilustraciones que quedaron plasmadas en textos, entre ellos la Revista Alero, de los setentas, en la USAC. Fue director de Arte de dicha publicación.
Junto con sus obras participó en bienales de Bélgica, Brasil y Paiz en Guatemala. Expuso en infinidad de muestras personales, entre ellas en la entonces Dirección General de Cultura y Bellas Artes, Universidad Popular, en el IGA, Escuela Nacional de Artes Plásticas y en galerías como El Túnel, Sophos y otras.
En lo que denominó Poesía Gráfica produjo: El cantar del tecolote, Palic Chirachic, Memorias de un aprendiz de asesino, Sobre la libertad del dictador y sus perros fieles (con prólogo de Gabriel García Márquez); Música para embrujaditos, Línea Sensual, El pájaro sobreviviente, Los siete pecados capitales y los cuatro jinetes del Apocalipsis, y muchas más.











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