Estereotipar

 

El Diccionario de la lengua wspañola, en su tercera acepción, nos indica en cuanto al término estereotipar: “Fijar mediante su repetición frecuente un gesto, una frase, una fórmula artística”. En otro término asociado, el estereotipo, el mismo diccionario señala es “imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable”. ¿Se percata el apreciable lector cuán inundados estamos de estereotipos? Estamos inmersos en un entorno mediante el cual, por la vía de la repetición, de la reiteración, aceptamos se nos fije diversos aspectos asumidos como válidos.

Democracia. Partidos políticos. Fiscalización. Principios. ¿Valores, instituciones, acciones concretas o estereotipos? ¿Simulacros o no? Cada quien encontrará su propia respuesta. El punto fundamental ante la situación actual consiste en tanto nuestra responsabilidad como ciudadanos, deslindar aquellos términos, aquellas dependencias, aquellas actitudes y otros aspectos adicionales, de las auténticas versus las estereotipadas.

Necesitamos encontrar un punto de referencia por medio del cual podamos salir al encuentro de verdaderas oportunidades de desarrollo asequible y accesible para las grandes mayorías. Durante los últimos años, por esta época, nos han influenciado al punto de hacernos creer en las ventanas de ocasión para salir al encuentro de una nueva realidad, existente únicamente en la mente de los ideólogos de esos estereotipos fijados a fuerza de las técnicas mercadológicas.

Hay un afán por materializar la reforma constitucional, mediante la cual el sector justicia pueda desenvolverse en un entorno normativo hacia el cese de la impunidad y la consecución de la probidad en todos nuestros actos; en las relaciones ante el sector público, en las relaciones entre particulares, en la interacción de los individuos ante la propia sociedad.

El tiempo es ya adverso para verlo materializado en este año. Los actores seleccionados como promotores y gestores son un estereotipo de sí mismos; por lo tanto, son un fraude a punto de ser develado, o peor aún, tolerado en el falso anhelo porque sean imágenes auténticas y no únicamente el calco de algo o alguien inexistente.

Nos enfrentamos a la apatía de una ciudadanía aún en ciernes, conforme por asistir ocasionalmente a la Plaza. Exigente bajo el anonimato de las redes y acicateada por sesudos analistas de bambolla. Por ello, al apelar hacia la reflexión traducida en acción derivada de un compromiso ciudadano, puede ser, sin pretenderlo, un sueño inalcanzable o un estereotipo adicional en esta realidad nacional resistida al auténtico y urgente cambio.

En breve se nos habrá de aclarar si en los escenarios descritos podremos encontrar soluciones o tan solo conformarnos con esos placebos ofrecidos en ya reiteradas ocasiones, o paradójicamente, a ser rigurosos y socialmente demandantes en ese persistente y grandilocuente Gatopardo, adonde hemos llegado también inducidos y falsamente seducidos.

Walter del Cid