En los campos de San Pedro Las Huertas, aldea de La Antigua Guatemala, la estaticia florece como una de las plantas más singulares de esta época. Sus distintos tonos adornan iglesias y altares para la Cuaresma y Semana
Santa.
Edín Pérez, agricultor especializado, explicó que antes los tonos eran morado intenso, blanco, amarillo y fucsia. Gracias a la polinización de abejas y abejorros, los colores se mezclan como si se tratara de acuarelas. Así nacen el lila o un blanco casi celeste, porque esos insectos traen polen de lejos y ahí surgen las mezclas.



El clima rige, pues se siembra con las primeras lluvias del invierno y con la humedad del suelo crece seis o siete meses hasta producir las varas que serán cosechadas en verano. Una cuerda de terreno puede rendir desde 6 hasta 15 costales de flores. Su altura varía entre 40 y casi 100 centímetros, los más largos son más cotizados.














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