La lucha contra el dengue, el zika y el chikungunya en San Lucas Tolimán se ha transformado en un esfuerzo intergeneracional que combina la experiencia de trabajadores de salud con más de 25 años de trayectoria y la energía de nuevas generaciones, fortaleciendo la prevención del vector en comunidades de la boca costa.
Edgar Colón, con 27 años en el Programa de Control de Vectores, y Nelson Abimael Churumel Sicay, con ocho años de experiencia, lideran brigadas que recorren a pie y en motocicleta —suministradas por el Ministerio de Salud— patios, toneles y pilas de las viviendas.
Su labor diaria consiste en inspeccionar, capacitar a las familias y promover medidas concretas: lavar las pilas dos veces por semana, cepillar las paredes de los recipientes y mantener los toneles tapados.
“La misma confianza que las personas han tenido con nosotros nos motiva a seguir sirviendo”, afirma Colón, quien recuerda cuando la malaria era el principal reto en la región. Esa aceptación comunitaria, según él, ha evolucionado y hoy facilita el ingreso a las casas para realizar inspecciones y capacitaciones.
Por su parte, Churumel Sicay aporta dinamismo y cercanía en las visitas domiciliarias. “La consejería que se ha dado ya se está poniendo en práctica, y cada vez encontramos menos presencia del vector en las viviendas”, explica el joven inspector, quien recorre tanto zonas rurales como urbanas.


El mensaje que repiten en cada hogar es claro y directo: “Sin zancudo no hay dengue, zika ni chikungunya”. Mientras los más experimentados transmiten técnicas y conocimientos acumulados, los jóvenes incorporan nuevas formas de comunicación que generan mayor empatía con las familias.
Este intercambio ha creado un círculo virtuoso de prevención que se refleja en la disminución progresiva del vector.
El trabajo conjunto demuestra el compromiso de Guatemala con el Modelo Integral e Incluyente basado en Redes de Atención en Salud.
La combinación de memoria histórica y energía renovada garantiza que la lucha contra estos enfermedades no dependa de una sola generación, sino de la unión de todas, asegurando la sostenibilidad de las acciones de salud pública en la región.
Este modelo intergeneracional no solo fortalece la respuesta inmediata, sino que construye un legado de prevención comunitaria para las futuras epidemias.











Deja un comentario