Son nuestros héroes. Patriotas y ciudadanos incansables. Quienes sacrificaron todo, incluso familias y amigos, en busca de un sueño. De una oportunidad, de una esperanza de vida.
Pese a lo que su esfuerzo y abnegación significan en el país, habían sido permanentemente olvidados. Jamás recibieron el reconocimiento que merecen. La atención debida y el apoyo que reconozca el papel que desempeñan en el desarrollo del país y de sus comunidades.
Nuestros migrantes, los grandes olvidados de las políticas de Estado, reciben una pequeña recompensa al coraje y resiliencia mostradas. Un agradecimiento a su trabajo silencioso y fructífero.
De esa cuenta, por primera vez en la era democrática, un gobierno les recuerda que no están solos. Que un pueblo y un sistema democrático están con ellos, que los acompaña y reconoce.
Hoy, más que discursos vanos, reciben una política en la que se registra el sentimiento que despiertan. Que refleja la lealtad de un país que avanza a su ritmo, que ofrece atenciones merecidas y ganadas a pulso. El Plan Retorno al Hogar es la manifestación clara e inequívoca de una administración que piensa en ellos y en la prolongación de sus sueños.
Es la manera en que todo un aparato público se pone a su disposición. A su alcance y servicio. La estrategia, liderada por el presidente Bernardo Arévalo y la vicemandataria Karin Herrera, es un culto a quienes regresan después de meses, años, décadas a una nación de la cual nunca se fueron, que jamás los olvidó.
Integrar el Plan Retorno al Hogar a la Política Migratoria, a cargo de la Autoridad Migratoria Nacional (la máxima representación en la materia), es más que un gesto. Una pose. Es el compromiso con nuestro presente y futuro, la señal de un nuevo despertar, de otro comienzo.
Recibir de manera digna a los compatriotas es más que un deber o una obligación moral y política. Es la recompensa que merecen unos héroes que ganaron la batalla contra la marginación, que combatieron en desventaja y vencieron una guerra provocada por el saqueo de fondos públicos y la voracidad de un pacto de corruptos que forzó exilios y marginaciones.











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