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COLUMNAS

El rol del cuerpo en la era Zoom (III)

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Pablo Fossa

Profesor Investigador, Facultad de Psicología

Al parecer, el dualismo moderno separó la mente del cuerpo, desacoplando la vivencia corporal de todas las otras dimensiones de la experiencia, obteniendo una visión desintegrada del ser humano. Recordemos que, para Platón, el cuerpo es “la cárcel del alma, y es el alma la que vive eternamente (en el mundo de las ideas), luego de la muerte del cuerpo físico”. La modernidad, como período histórico, cultural, económico e intelectual, terminó por separar cuerpo y mente, e impuso una comprensión mecanicista de la corporalidad. Hoy en día se valora la imagen corporal, en desmedro de una mayor conciencia corporal. 

Las investigaciones han mostrado que el 90% de los gestos no verbales (movimientos corporales) ocurren durante el habla (McNeill, 1992). Esto es, nos movemos más mientras estamos hablando e interactuando con otros. Estudios muestran la expresión corporal que tienen diferentes procesos psicológicos durante la experiencia cotidiana. Por otro lado, investigaciones han mostrado la importancia del rostro en las interacciones humanas, específicamente, en la expresión de emociones. Estudios han demostrado la importancia de la corporalidad completa para comprender los estados mentales, emocionales y actos comunicativos del otro. En ese sentido, el cuerpo cumple un rol fundamental en el proceso de comprensión mutua. 

La investigación ha logrado mostrar la existencia de una coordinación no verbal y vocal en interacciones de alta conexión afectiva.

Estudios recientes también han demostrado el rol de la coordinación y la sincronía en interacciones empáticas y no empáticas. Cuando logramos una conexión emocional en nuestros encuentros, los cuerpos se coordinan y sincronizan. En cambio, por el contrario, cuando aumentan los niveles de tensión y desacuerdo en una interacción, se ha demostrado que los movimientos de los cuerpos se desacoplan. 

Es decir, la investigación ha logrado mostrar la existencia de una coordinación no verbal y vocal en interacciones de alta conexión afectiva como son, por ejemplo, las relaciones amorosas, las amistades significativas, la relación psicoterapéutica entre el terapeuta y el consultante, entre otras. 

Si bien son indiscutibles las ventajas de poder mantenernos conectados mediante videollamadas, un importante riesgo que puede pasar fácilmente inadvertido es el de invisibilizar la riqueza y complejidad del otro. 

Continuará…

Universidad del Desarrollo
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COLUMNAS

Una quimera llamada NFT

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Frank Gálvez
Locutor y periodista
[email protected]

Desde el inicio de esta década, los tokens no fungibles (NFT) han demostrado un enorme crecimiento. Un NFT es un token digital único que se utiliza para simbolizar un activo. Este puede ser retenido por su propietario, comercializado y vendido por moneda fiduciaria o criptomonedas, como ocurrió cuando Mike Winkelmann, artista digital más conocido como Beeple, vendió en la casa de subastas Christie’s la obra de arte NFT más cara del mundo (Hasta ahora) por 69 millones de dólares, con el título de ‘Everydays: The First 5.000 Days’.

Actualmente, el temor en la comunidad de inversores a nivel global es cómo una regulación única definiría los NFT. Ankit Wadhwa, fundador y director de la plataforma tecnológica Rario, indica que “las mismas leyes que hemos tenido para la comercialización física de arte durante cientos de años también se pueden aplicar a las NFT, sin crear más confusión”, mientras que Edul Patel, director ejecutivo de Mudrex, una firma de criptoinversión opina que “clasificar las NFT como una categoría de activos podría ser una decisión demasiado apresurada para tomar en este momento”.

”La educación financiera genera riqueza de por vida.“. (Gun Gun Febrianza)

Los NFT ofrecen a sus autores la capacidad de conseguir regalías posteriores al comercio original del activo y facilitan un registro vigente de propiedad para cualquier componente simbolizado en formato digital. Aun así, esta tecnología genera todavía numerosas sospechas desde la perspectiva de los delitos financieros.

Por ejemplo, muchas de las cadenas de transacciones de criptomonedas se pueden ocultar con relativa facilidad, evitando su legítima transparencia. Asimismo, existen oportunidades para la falsificación de un NFT: en marzo de 2021, un hacker creó una obra de arte digital y la puso a la venta en línea indicando que era una edición limitada de un print del artista Banksy.

Además, pirateó su sitio web oficial y publicó un enlace a la licitación del NFT para hacerlo ver más convincente. El token se vendió por cerca de 244 000 libras. Al final, en un giro sorprendente, el hacker devolvió el dinero después de la transacción.

La adulteración igualmente está a la orden del día: en el proceso de creación de una NFT, es posible que los autores “escondan” información adentro de su código, que luego puede ser usada para diversidad de fines, incluyendo la transmisión de información clasificada. Tomando en consideración lo anterior, surge la pregunta: ¿Cuál será el lugar exacto de los NFT a largo plazo en la sociedad? Eso solo el tiempo lo dirá.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

La chica de la calle Aribau (II)

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Esperanza Ruiz
Revista Nuestro Tiempo

Es una alumna aplicada, sobre todo en literatura, y entabla una relación de amistad con una de sus profesoras, Consuelo Burell. Esta, formada en la Institución Libre de Enseñanza, imparte Lengua y Literatura en el Pérez Galdós y guía a Carmen en sus lecturas. Le descubre a Proust, a Emily Brönte y a Dostoievski (autores que, posteriormente, la crítica relaciona con la obra de Laforet). Le habla de Pedro Salinas, de Alberti, de Menéndez Pidal.

Todavía vive Carmen en Las Palmas cuando da sus primeros pasos como escritora: la revista de Santander Mujer le publica un relato con el que gana su primer premio literario. Pero la felicidad del pasado no es la misma desde que se había quedado huérfana. Por eso su relación con la isla tiene un sabor agridulce. En Carmen Laforet se entremezclan recuerdos de felicidad, de sol y sal, de placidez y libertad, con otros de soledad y demonios.

En septiembre de 1939 Carmen cumplió dieciocho años a bordo del barco que la llevaba a Barcelona para iniciar sus estudios universitarios.

Cuando, muchos años después, publica la guía turística Gran Canaria, elogia su belleza, descubre itinerarios, explica su gastronomía y folclor y ensalza su naturaleza… pero la realidad es que, tras su marcha a Barcelona, en 1939, Carmen solo regresó una vez a las islas. Benjamín Prado, en su biografía de la escritora, deja constancia de su respuesta cuando le preguntaban por qué no volvió más: “Eran un paisaje demasiado bello para matizarlo, revocarlo o verlo cambiado por el tiempo y las circunstancias”.

Efectivamente, en septiembre de 1939 Carmen cumplió dieciocho años a bordo del barco que la llevaba a Barcelona para iniciar sus estudios universitarios. La posibilidad de vivir con su abuela Carmen y de abandonar la casa familiar y el ambiente enrarecido que se respiraba allí se suman a un romance frustrado con un joven isleño.

El primer amor de Carmen Laforet es Ricardo Lezcano, al que ella llama Dick. Se alistó como voluntario en el bando republicano, pero esa fue toda la repercusión de la Guerra Civil en su familia, que la vivió desde el burladero de las islas.

La fuga, o su anhelo, se convirtieron en un rasgo más del carácter de la escritora. Tan inseparable de su espíritu como la sonrisa de su fisionomía. A la calle Aribau llega tan solo con un par de trajes de verano y una maleta de libros.

La casa de la abuela Carmen ya no es el paraíso de su niñez, sino un fiel reflejo de la sociedad de la posguerra española. La otrora familia burguesa acoge a Carmen y le da cobijo, pero esta vez con todas las miserias y problemas económicos que resultan de la contienda. Barcelona es una ciudad gris y asolada que contrasta con los días de mar y la naturaleza exuberante que ha dejado atrás en las islas.

En la Ciudad Condal se matricula en la carrera de Filosofía y Letras, pero solo cursa un año y medio. Sin embargo, allí forja (mujer de lealtades extremas) con Linka Babecka, hija de unos inmigrantes polacos, una de las amistades que marcaron su vida. Carmen se traslada, en 1942, de Barcelona a Madrid, siguiendo a Linka y a su instinto y acompañada de un impulso. Sus huidas eran siempre producto de decisiones súbitas.

En Madrid se aloja en casa de su tía materna Carmen y se matricula como alumna libre en la Facultad de Derecho. Tampoco esta vez acaba la carrera y vive con doscientas pesetas mensuales que le pasa su padre. Es su tía la que insta a Carmen a presentarse a un premio literario del Frente de Juventudes ante la falta de dinero para comprar un abrigo. Lo ganó.

El germen de Nada está sembrado. Carmen va con una libreta a todas partes, callejea, toma notas y escribe. La mesa del comedor de su tía y las salas de lectura del Ateneo de Madrid son testigos del proceso de elaboración de la novela. Carmen se inspira en ambientes, personas y situaciones conocidas. De la casa de la calle Aribau está todo.

Continuará…

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Niños y adolescentes ciberadictos (II)

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Gerardo Castillo Ceballos
Profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra

El personaje de la red había anulado al real. Había perdido la capacidad de hablar con la gente. Mis familiares empezaron a ver el problema, cuando dejé de relacionarme con ellos”. ¿Por qué la ciberadicción es más común en la adolescencia? Porque es la etapa en la que internet está siendo uno de los principales medios de socialización.

Según un estudio realizado por la Fundación Pfizer, el 98 por ciento de los adolescentes y jóvenes de 11 a 20 años es usuario de internet. Y de este porcentaje, 7 de cada 10 afirman acceder a la red por un tiempo diario de 1.5 horas. Es por esto que los adolescentes, dado que suelen conectarse más a internet, constituyen el grupo de mayor riesgo. No obstante, también puede afectar a los adultos.

¿Por qué la ciberadicción es más común en la adolescencia?

En una viñeta cómica de Forges se ve un diálogo entre dos náufragos en una pequeña isla desierta: “P- Pena de habernos comido el rúter: dentro de poco podríamos papearnos seis megas suculentos. R- Me lo temía, y además en el día de internet”. El síntoma más significativo de la ciberadicción es la “conexión compulsiva” que se concreta en la necesidad de conectarse con frecuencia muchas veces al día.

Conlleva la pérdida del uso racional y del control de internet. El origen de ese problema puede ser externo, como por ejemplo estar de moda y querer conectase con los amigos que usan ese medio y presionan a los no iniciados. Pero en algunos casos la causa es interna: una tendencia a buscar en internet una solución a malestares psicológicos. El mundo virtual suele ser una vía de escape del mundo real para los adolescentes con baja autoestima y sin habilidades sociales.

Los padres de familia pueden prevenir la ciberadicción, siguiendo algunas normas. Estar al día de los avances que ofrecen las tecnologías, para así poder saber en qué mundo se están moviendo los hijos y poder acompañarles y ayudarles a utilizarlas con sentido. Promover actividades culturales, lúdicas y recreativas como alternativa a internet. Establecer reglas de uso de los dispositivos digitales tales como el tiempo máximo de conexión y la ubicación de los mismos. Determinar los sitios web a los que se puede y no se puede tener acceso. Fomentar en los hijos desde pequeños una autoestima saludable; así no buscarán “refugiarse” detrás de una imagen ficticia que inventarán en las redes sociales.

Universidad de Navarra
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