El perfeccionista ¿es virtuoso u obsesivo?

No todos los que escriben padecen de este mal, algunos escritores o periodistas no se molestan ni siquiera en volver a revisar sus textos. Esto lo hacen no solo los desidiosos, también gente demasiado segura de sí misma.

Entre estos últimos podría haber algún genio al que las palabras le salen en orden y forma perfecta desde la primera, sin nada que corregir. La mayoría debemos trabajar mucho antes de tener algo digno de ser leído por otro.

El problema va más allá de la corrección del lenguaje, incluye además si nos gusta o no lo que escribimos. Si tiene algo que lo haga realmente memorable.

Dicen que el perfeccionismo es el cuchillo de la creatividad. Quienes lo llevan al extremo pueden sufrir mucho, al punto de nunca enseñar su trabajo a nadie. Esto es triste porque podrían así quedar a la sombra maravillosas obras.

Es muy importante ser autocrítico, pero también disfrutar la creación y valorar el fruto de tanto esfuerzo y trabajo.

¿Cuándo está lista una obra? ¿Cuándo está terminada? Para quien la crea es difícil de decidir, siempre habrá una coma, un personaje, un adjetivo o un final que puede cambiar, mejorar.

Cuando se trata de narrativa, muchas veces el curso de la historia está determinado desde que lo concebimos, es algo que fluye de manera natural. Son los detalles y giros los que pueden confundirnos y hacernos trabajar más.

Allí es donde la opinión de alguien más, un lector profesional o editor, puede ser de gran ayuda. Por ejemplo, aunque el mito dice que Gabriel García Márquez escribió Cien años de soledad de un tirón sin apoyo de nadie, el análisis de sus archivos indica lo contrario.

El colombiano igual de talentoso era obsesivo. Así que tuvo asistentes de investigación y lectores que le daban su opinión, generalmente otros escritores y artistas. También discutía el avance del libro con críticos literarios. Según dicho archivo, además del ingenio, la clave del éxito de Márquez fue la edición.

Pero no todos tenemos el talento y los recursos del Gabo, y nos la vemos a palitos cuando se trata de terminar un libro. Acabo de vivir la experiencia de escribir uno para niños, una novela corta, en tres meses. Debía entregarla en un tiempo estipulado.

Creí haber hecho un buen trabajo, lo revisé a conciencia y dos personas lo leyeron. El libro saldrá en julio, pero ahora tengo mis dudas. Creo que pudo haber sido mejor, pero eso nunca lo sabré.

Jessica Masaya