El ojo de un hombre muerto

“Mi boca está seca de muchas palabras sin decir”.  Así lo afirma la hermosa flor del mal llamada Andrea Schroeder en una de sus canciones. Es una poeta de voz oscura y lasciva que sabe cómo cautivarnos entre lo bello y lo siniestro.

Esta cantante y compositora de origen alemán ha sido una de las artistas que me ha tenido últimamente embrujado, no solo con su música sino con su voz, que muchas veces me recuerda el sensual tono que tenía Nico de los Velvet Underground. Influenciada por personajes como Nick Cave, Ian Curtis y Juliette Gréco, su propuesta exige ser escuchada en el momento adecuado. Al menos para mí.

Sus melodías son para los instantes de introspección. Y claro está, no es la banda sonora para escuchar al momento de empezar el día y escribir en las redes sociales “bendiciones a todo el mundo” junto a un texto motivador sacado de cualquier libro de superación personal de supermercado. No, para eso existen cosas peores.

Su álbum Where The Wild Oceans End, el que le siguió a su debut Blackbird, fue el que conquistó mi corazón y oídos. Fue gracias a Helden, un hermoso cover de Heroes, de David Bowie. Ciertamente, escucharlo en alemán le otorga otra textura hermosamente amenazante.

Los primeros segundos de la canción que abre el disco Dead Man’s Eyes capturan al oyente que esté dispuesto a abrirse a su música. Los sonidos de guitarra, solitarios y melancólicos de Jesper Lehnkuhl, nos llevan por senderos de donde estoy seguro de que no hay retorno. Pero ¿no se trata de eso el arriesgarse con propuestas que valen la pena?

De manera hipnótica, la voz de Schroeder empieza a acecharnos como una viuda negra; su canto anuncia la muerte y la condenación. Es tan agridulce e irresistible que nos hace caer directamente en una telaraña. Una de la que, al menos yo, no hago ningún esfuerzo por escapar cada vez que la escucho.

Esta gema musical es una sinfonía orquestada para el lado oscuro de cualquier gran ciudad. Me atrevería a decir que también para una como la nuestra. Schroeder es creadora de música para una caminata nocturna por las calles empapadas después de una tormenta. Solo que en ellas no vemos como renace la vida. Más bien, su voz acompaña a todas esas esperanzas que se van con el agua que limpia estas vías sucias hasta llegar al tragante más cercano. El desencanto jamás fue tan hermoso.

Para escuchar: Dead Man’s Eyes, Ghosts Of Berlin, Helden, The Spider, Where The Wild Oceans End, Fireland y Summer Came To Say Goodbye.

Álvaro Sánchez