El No

La ola del rechazo a la política tradicional se hizo evidenciar en el NO.

La pregunta es ¿qué pasará después del No?, recordemos que la sentencia de la Corte Suprema de Justicia en Colombia argumenta que independientemente del resultado del plebiscito, el cuál no es vinculante a la Constitución, menciona que el proceso de Paz está en marcha, el único efecto del plebiscito es que se tienen que evaluar nuevamente los puntos del acuerdo.

Pero el No ha tenido sus efectos económicos también, ya que el Sí predisponía un escenario de crecimiento económico al poner punto y final a la guerra que duró más de 52 años, en cambio ante la sorpresiva respuesta, la moneda y las acciones del país también reaccionaron de forma negativa, el peso colombiano cayó, así como las bolsas, a un 3 por ciento.

A los negociadores del Gobierno y de las FARC les tomó cuatro años de diálogos alcanzar un acuerdo.

El presidente Juan Manuel Santos quiso que el pueblo colombiano ratificara el acuerdo en un plebiscito.

Hay que reconocer que la oposición liderada por Uribe supo sacarle provecho a su mayor capital (el rechazo a las FARC y a un eventual presidente Timochenko), sacó ventaja de su mensaje y logró convencer a buena cantidad de población para que fuera a votar en contra del plebiscito que suponía que los acuerdos son demasiados indulgentes con los líderes de las FARC sobre los crímenes de guerra.

Uno de los síntomas para explicar el No, han sido las dicotomías en los mensajes sobre la paz y la guerra, se hizo evidente en las campañas de comunicación de Santos y de Uribe, el triunfo del No no significaba la guerra, sino un mejor acuerdo.

Además, la falta de humildad por parte de las FARC en un período que era clave para inclinar a los indecisos hacia un lado u otro.

Recordemos el mensaje de Timochenko el día de la firma del Acuerdo de Paz en Cartagena fue el discurso de una guerrilla que se sentía victoriosa. Su mano en alto cuando salió al escenario como estrella de rock, su perdón a medias que ni siquiera pidió, sino que más bien “ofreció”, y su superioridad moral no pasaron en vano.

Las encuestas posteriores demostraron que fue un evento negativo.

Sin embargo, Santos no se queda atrás, su discurso triunfal en la Asamblea de las Naciones Unidas demostrando que la guerra había terminado y que la Paz era un hecho irreversible también fue un acto de soberbia, ya que menoscababa la voluntad del pueblo, era como decir de facto que el plebiscito ya se había celebrado con un Sí.

En fin, queda mucho que aprender de esta experiencia y también de la propia, Guatemala hizo historia también en 1999 al no aceptar la incorporación de los acuerdos en nuestra Constitución, no pude votar ya que era una niña, pero acompañé a mis padres y votaron por el No. 

A veces, el No es la mejor verdad que nadie quiere escuchar, es la palabra de la población que está cansada de la manera que la política aborda temas tan complejos como otorgar inmunidad, reconocimiento a los que han causado tanto dolor y sufrimiento, bien dicen que la reconciliación,; además de ser un valor, es una virtud de pocos.


Diana Herrera