El lenguaje nunca es neutral

Las palabras se convierten en una barrera actitudinal al reforzar el estigma.

¿En algún momento nos hemos puesto a pensar en la importancia que tiene usar los términos adecuados? Probablemente, dicho cuestionamiento solo aparece cuando por situaciones concretas nos sentimos señalados o marginados en un contexto específico.

Vale la pena reflexionar frente al papel del lenguaje y su poder, para exaltar o marginar a grupos de personas con las que interactuamos. El vocabulario va acompañado de subjetividad y con la manera de percibir y tratar a las personas. Por ejemplo, si se piensa en las personas con discapacidad. Académicamente, la controversia surge en si se asigna el término “discapacidad” o “diversidad funcional”. La controversia está zanjada, porque, según la convención internacional de los derechos de las personas con discapacidad, lo correcto es “persona con discapacidad”.

Llama la atención la incoherencia en el uso de la terminología; a pesar de la intención de resaltar las capacidades de las personas que por algún motivo tienen deficiencias físicas o limitaciones en sus actividades, los términos usados terminan mancillando los aspectos positivos que se quieren resaltar.

Las palabras se convierten en una barrera actitudinal al reforzar el estigma de anormalidad mediada por una condición de salud; no obstante, eso no ocurre solo con las personas con discapacidades. Toda persona que señalemos usando lenguaje reactivo y despectivo se verá afectado, como el adulto mayor.

“– ¿Cómo está, abuelo?

– Yo no tengo nietos.”

Parece gracioso, pero no lo es. Según la Organización Mundial de la Salud, para el año 2050, la población mayor de 60 años se duplicará y muchos no serán abuelos, dada la disminución de la natalidad. Términos como “anciano”, “viejo”, y otros deben ser cuestionados en la cotidianidad, pues conducen a estereotipar a las personas mayores, a verlas o hacerlas ver como lo que realmente no son.

En los espacios educativos, están los llamados a cambiar los paradigmas de la sociedad, al propiciar en las nuevas generaciones una reflexión profunda sobre lo que se hace, se dice, se piensa, se siente y se conoce, y cómo se exterioriza al mundo. No son cuestionables la edad, la deficiencia o la limitación. ; es cómo nos referimos a los demás y cómo nuestras formas de interacción generan patrones de acción en una sociedad.