El gusto por el vino español

El gusto por el vino en Guatemala ha crecido en los últimos años. Al ser España el segundo mayor proveedor en el país, es fácil encontrar una propuesta de vinos españoles.

Durante el 3er. Festival de vino y gastronomía española, celebrado en el marco del 90 aniversario de la Cámara Oficial de Comercio de España en Guatemala, pude apreciar y degustar diversos vinos, quesos y jamones. También productos gurmé guatemaltecos, como miel, chocolate y mermeladas, entre otros.

El recorrido me permitió admirar una gama de productos y, en especial, la diversidad de vinos expuestos. Estos festivales brindan la posibilidad de aprender del mundo fascinante del vino y actualizarse respecto a las opciones que están a la venta en nuestro país. Asimismo, de poder conocer y conversar con los representantes de las empresas importadoras, que tienen mucho que compartir, mientras amablemente invitan a disfrutar de una copa.

Otra satisfacción grande de participar en eventos relacionados con la industria de alimentos y bebidas, es encontrar a profesionales que fueron mis estudiantes en la universidad y conocer de las empresas que representan.

En esta ocasión, fui invitada por Alex Tenenbaum a disfrutar de un Fernández de Piérola, tempranillo blanco.  Me sorprendió que el vino fuera blanco, porque lo más común es que la cepa tempranillo sea empleada en la elaboración de tintos. Debo decir que fue de mi total agrado, y sirvió para acompañar una interesante conversación acerca de la creciente cultura del vino en Guatemala. Es cada vez más común hallar diversidad de vinos en los restaurantes, y las recomendaciones del mesero no se quedan atrás, por ese gusto de maridar los platillos.

¿Cómo ha sido posible lograr que crezca el gusto por el vino en nuestro país? Es todo un proceso de educación y visión lograr que el personal de la industria de alimentos y bebidas pueda presentarlo profesionalmente. La formación es clave para conocer los conceptos básicos, como las cepas, o  reconocer que un vino joven no tiene reposo en madera, por mencionar algunos.  A su vez, el mesero educa al comensal, quien disfrutará, aún más, de su experiencia gastronómica en el restaurante.

La teoría del vino es elemental, al igual que la etiqueta y el protocolo. Los chefs crean los platillos, pero se deben hacer pruebas para comprobar el maridaje, que puede ser por complemento, por contraste o por regiones. Otra posibilidad son las wine dinners, en las que, además de comer y beber, se aprende. Siempre habrá una ocasión para deleitarse con una copa de vino o compartirlo entre amigos.

Euda Morales