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El cine emergente es una tarea pendiente

Un vistazo al séptimo arte, sus desafíos, triunfos y cómo ha avanzado

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El cine nacional atraviesa por un buen momento, hay películas coproducidas con Hollywood como Cadejo Blanco y Rita, que se han proyectado internacionalmente. Sin embargo, en opinión de los cineastas independientes, aún consideran que falta, sobre todo en la parte de los fondos que sigue siendo un camino cuesta arriba.

El director de cine de la premiada Flow, Gints Zilbalodis, declaró que: “si trabajas en un proyecto pequeño, no intentes imitar a los grandes estudios, es mejor que se adapten tú y el equipo. Un poco de ingenuidad es necesaria al comenzar, ya que si hubiera sabido lo difícil que sería no habría comenzado, pero al no entender los desafíos, me lancé y aprendí sobre la marcha”. El lituano se ha llevado a su casa los dos principales galardones del cine mundial: el Globo de Oro y el Óscar en las categorías a Mejor Película Animada, a pesar de que el financiamiento fue menor a grandes producciones de Hollywood, Disney y otros.

En Guatemala las producciones audiovisuales han ganado terreno con filmes que exploran tanto la riqueza cultural del país, como sus problemáticas culturales o sociales como el caso del Cadejo Blanco, que abordó la vida de las pandillas en Puerto Barrios, Izabal. La historia gira en torno a Sarita, interpretada por Karen Martínez, que viaja de la ciudad capital a ese departamento del norte en búsqueda de su hermana desaparecida. La cinta fue ganadora en 2021 de los premios Ícaro en las categorías de Mejor Largometraje y ahora está disponible en Latinoamérica en Amazon Prime Video.

Otro caso es del cineasta guatemalteco Jayro Bustamante, que ha dirigido las películas Ixcanul, La Llorona, Temblores y Rita, entre otras, y quien ha sido reconocido por su trabajo en cada una. El director conoce los desafíos económicos que implica su realización; en Rita, la última que filmó fue una coproducción de Hollywood y Guatemala. Lo vital, remarca, es que en la mayoría se narren historias sociales y que el guatemalteco apoye a la cinematografía nacional porque así atraen más inversiones para esta industria.

Sobre conseguir financiamiento, lo sabe muy bien Humberto Mazariegos, escritor y director del cortometraje Caudillo, que se encuentra en su fase de posproducción por el presupuesto que deben completar. Este fue seleccionado por la Iniciativa Espacios 2024 del Ministerio de Cultura y Deportes y aún así es insuficiente para cubrir los costos que implica estos
proyectos.

Melissa Hernández
Cineasta y artista visual

El cine guatemalteco atraviesa un renacimiento de miradas autorales. Surgen muchas propuestas y cada vez más nos atrevemos a explorar nuevos géneros cinematográficos con los que las industrias y festivales internacionales aún no nos reconocen. Cada vez más nos inspiramos en nuestras raíces y hacemos visibles nuestros territorios. Sin embargo para construir una industria poderosa tanto a nivel narrativo como competitivo demanda que el Estado se revitalice con esta nueva generación de cineastas, ya que no es solo una manifestación artística, sino también una industria con un potencial económico significativo. Países con políticas de financiamiento sólidas han demostrado que la inversión no solo impulsa la cultura, sino que genera empleo y posiciona a la nación en el mapa internacional.

Cuando los proyectos se presentan en grandes mercados audiovisuales notamos que aún navegamos solos el mar de la producción referente a los fondos estatales, y esta debilidad se hace visible al momento de generar nexos con otros países desarrollados en su industria. Esto produce que muchas voces y propuestas nuevas se queden en el camino. En Guatemala la producción cinematográfica sigue siendo una tarea titánica para los realizadores independientes, lo cual ha generado que nuestras historias se consoliden más de forma narrativa para optimizar los recursos de producción y hacer cine contra todo pronóstico.

Buscamos una industria cinematográfica sólida y para esto es imperativo que los gobiernos entiendan la importancia que tiene invertir como una apuesta por la identidad, la memoria y la proyección cultural de nuestro país que nos permita seguir evolucionando.

Jonathan Córdoba; Escritor de suspenso y terror costarricense y creador de cortometrajes

El cine emergente en Guatemala y Costa Rica ha logrado posicionarse en el ámbito internacional con historias arraigadas en la realidad social y cultural de sus países, que desarrolla una identidad propia que se basa en narrativas realistas, temas sociales y una estética naturalista. Casos como Ixcanul (Guatemala, 2015), que visibiliza la vida de las comunidades indígenas, el machismo, la discriminación y la falta de oportunidades, y Gestación (Costa Rica, 2009) que explora tanto el drama social como la identidad juvenil. En ambos países, la cinematografía se ha fortalecido gracias al esfuerzo de cineastas independientes y el respaldo de fondos gubernamentales e internacionales. Aunque las limitaciones presupuestarias siguen siendo un reto, estas películas han demostrado que la autenticidad y la conexión con la realidad social pueden convertir a una producción en una obra universalmente relevante.

Con este crecimiento, es posible que en los próximos años veamos más propuestas innovadoras que sigan posicionando el cine centroamericano en el mapa mundial.

Luis Alberto López; Productor y director de cine, guionista

Cuando pienso en el cine como herramienta de cambio, no imagino grandes presupuestos ni efectos especiales. Visualizo historias que nacen de nuestras raíces: las contradicciones urbanas o la magia cotidiana de los mercados y los pueblos. Para mí, la divergencia no es solo romper con Hollywood, sino construir algo propio. Pero mi visión va más allá: sueño con un cine que dialogue con nuestros clásicos literarios, como si las palabras de Asturias cobraran vida en la pantalla.
Si algo me define es la certeza de que Guatemala merece un cine que no imite, sino que reinvente; que no pida disculpas por ser indígena, mestizo o urbano.

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