El censo, apuesta para el futuro

Desde hace 16 años no se realizaba el censo de poblaciónen Guatemala, y la norma es que cada diez años se haga, para de esa cuenta poder planificar con datos y criterios certeros los servicios que el Estado está comprometido a darle a la población. Lamentablemente, se dejó pasar el tiempo y  nadie le dio impulso al tema, así como nadie reclamó su inexistencia. Para muchos procesos importantes y clave, se continuaban usando los datos del último censo, en 2002; en su defecto, se utilizaban proyecciones realizadas por el Instituto Nacional de Estadística.

Quienes conocen del tema sabrán que el conocer cuántos somos es muy útil en diferentes ámbitos, principalmente planificar con mayor propiedad los servicios en áreas como salud, vivienda, educación, transporte, entre otros. El censo nos permite tener una idea de cómo crece la población, las actividades económicas de la población, nivel de estudios, infraestructura, entre otros. Con mucha alegría vimos la iniciativa de realizar esta importante actividad, habiéndose dado el banderazo de salida y empezamos a ver a los censistas en el campo; sin embargo, la tarea no ha sido fácil. Tuve la oportunidad de conversar ampliamente con la persona que amablemente me censó, y supe en una proporción bien pequeña lo que estaba sucediendo en la capital; luego me enteré, por medio de una persona cercana, lo que estaba sucediendo en el interior del país, cuando se visitaban comunidades rurales.

Fue para mí muy triste escuchar que los principales problemas que se estaban generando se situaban en las zonas residenciales, condominios, edificios de apartamentos y zonas urbanas. Los problemas mayormente presentados eran la expulsión de los censistas de las colonias, fijarles los horarios de la tarde-noche y los fines de semana, con el inconveniente de que en la tarde-noche ya no eran recibidos, y más bien las asociaciones de vecinos se organizaban para reclamar y solicitar la expulsión.

Los fines de semana, a pesar de que eran las fechas fijadas y convenidas, no había nadie en las casas o apartamentos. Por otra parte, cuando encontraban a alguien en las casas, la actitud de irrespeto, en algunos casos, dejaba mucho que desear. Además del desconocimiento al citar situaciones que algunos mencionaban: “… ¿para qué quiere el Gobierno esa información? Nosotros no recibimos nada del Gobierno, por lo que no necesitamos que nos incluyan”. En comunidades rurales se dio otro tipo de casos; algunos con bienes ostentosos exigían que se colocara que su condición era otra, contraria a lo real.

Algunas personas decían… “nosotros no necesitamos nada del alcalde, el alcalde no nos ayuda, para qué le vamos a dar información sobre nosotros”. Los vecinos se organizaban en la aldea para no dejar entrar a los censistas; a veces los retenían y hacían llamar a las autoridades para que fueran por ellos. Parece que entre un extremo y otro no hay mucha diferencia.

¿Usted qué opina?

Oscar Hugo López