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El Campo del recreo tendrá seguridad plena

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Durante casi cinco décadas, la colonia Primero de Julio fue una ciudad ejemplar. Sus habitantes disponían de todos los servicios. Dos escuelas, con nocturnas, un instituto para básicos (varios colegios), dispensario y una estación policial. Correos y telégrafos y un transporte de pasajeros que era la envidia, el cual funcionaba las 24 horas del día.

En 1966, cuando se inauguró el proyecto habitacional, que hoy consta de casi 5 mil viviendas, la colonia fue habitada por muchos niños y jóvenes. De ahí que se convirtiera en un verdadero Campo de recreo, que permitía la sana y plena convivencia. De hecho, quienes vivieron y los que aún viven en el sector recuerdan que no había linajes. Alcurnias, que, en esencia, era una población obrera y de clase media.

Sin embargo, la inseguridad acabó con ese lugar de ensueño. Las maras, esa plaga malvada que genera luto y dolor, se robaron la tranquilidad de los vecinos. Infundieron terror y tomaron el control del vecindario. Debido a las extorsiones, desaparecieron las tiendas, carnicerías, barberías, venta de tortillas y todo negocio pequeño, que eran el sustento familiar. La
prosperidad del barrio.

De repente, todo tenía precio y dueños. Poco a poco, los pilotos de buses y ruleteros se convirtieron en el blanco de las pandillas. Después, se apropiaron de esos servicios y convirtieron el campo de recreo en un mercado de drogas. Despojaron
casas y forzaron relaciones.

Que el Ministerio de Gobernación (Mingob) haya decidido abrir una subestación policial es alentador. Generará confianza, sobre todo, porque deberá recobrar el orden. Devolver la seguridad perdida y expulsar a esos criminales acostumbrados
al robo y el abuso.

Ese es el camino. Aumentar la presencia de la autoridad. Prevenir el delito. Perseguirlo con fuerza. Con valentía. Sin temor. El año pasado, el primero de la presidencia de Bernardo Arévalo y la vicemandataria Karin Herrera, el país cerró con la segunda tasa de homicidios más baja de los últimos 30 años (15.6 por cada 100 mil habitantes). Solo superada por el registro de 2020 (14.7), cuando el Covid-19 forzó los encierros.

El resultado, valga decir, es producto de estrategias y operativos inclementes contra las bandas organizadas y comunes. Planes que incluyen habilitar comisarías, estaciones y subestaciones policiales. Programas osados, pensados en devolver la
alegría ciudadana. El recreo cotidiano.

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