El camino hacia el patrimonio

El asueto fue una ocasión excepcional para buscar y conocer algo del patrimonio natural y cultural de Guatemala.

 

El reciente asueto laboral, que concluyó para algunos el lunes por la noche, además de aumentar el circulante de efectivo y crédito, fue una ocasión excepcional para buscar y conocer algo del patrimonio natural y cultural de Guatemala.

Pero la oportunidad de conocer y disfrutar de este paraíso tiene otra reflexión; y es que para llegar a esos paradisíacos lugares, el viajante tuvo que pasar verdaderos infiernos. Carreteras destrozadas, inseguridad, falta de infraestructura para atención al turista, señales dañadas en las carreteras o ausencia total de ellas, obras paralizadas que crean congestionamientos de horas, imprudencia de conductores (especialmente de los buses extraurbanos) y aglomeraciones en las camionetas, todo un viacrucis que no hace más que resaltar las carencias y problemas del país.

Este es un ejemplo de cómo cada parte del engranaje social de una nación está estrechamente vinculado. El patrimonio natural y cultural del país está en el abandono pero su destrucción y olvido se vincula directamente con el desarrollo, más bien subdesarrollo, de la infraestructura vial; del sistema educativo que da palos de ciego sin atinarle a una cuestión fundamental, cuando menos incluido el estudio y valoración de la riqueza histórica y natural; del sistema de salud que al estar colapsado bloquea la oportunidad de vivir las experiencias maravillosas que Guatemala encierra, sin ver que también esto es salud; del sistema de seguridad que ata y limita incluso al turismo internacional que ve con resquemor la violencia en el país.

Ante esa avalancha de necesidades no es de extrañar que en los trayectos y aun en los principales destinos naturales y culturales del país se observen todo tipo de carencias, descuidos y abandonos. Iglesias que se desmoronan, sitios arqueológicos abandonados a su suerte, bosques que arden accidental o intencionalmente, fuentes de agua que se secan como las lagunas de Lemoa en Quiché o la de Magdalena en Huehuetenango, obras de arte que se destruyen o se sustraen en la complicidad de sus custodios o víctimas de la delincuencia común u organizada.

Aun así, el largo fin de semana de medio año, permitió conocer y volver a vivir la grandeza de una historia natural y cultural que identifican al país y lo hacen único en el mundo.