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COLUMNAS

El atropello que –sufrido por Alfonso Portillo– lo sufrimos todos

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La Corte de Constitucionalidad –sin que nadie lo pidiera– impropio de un tribunal de justicia (juzgar, sin que nadiese lo pida) dictó sentencia declarando la inconstitucionalidad del acuerdo gubernativo dictado por el presidente de la República Jorge Serrano con el refrendo del Ministro de Gobernación, acuerdo por el cual, excediéndose de sus atribuciones, alteraba el orden constitucional establecido.

La sentencia dictada por la Corte de Constitucionalidad fue un fallo correcto por cuanto que el acuerdo –en efecto– era inconstitucional (un auténtico churro jurídico) pero incorrecto fue el camino que se siguió para dictarla, dictar sentencia –esto es ilegal– sin que nadie lo pidiera.

De igual forma que el Estado no debe combatir el delito con delitos, tampoco debe combatir la infracción de la Ley, con infracciones.

Si malo ya que la Corte de Constitucionalidad haya infringido la Ley dictando la sentencia sin que nadie lo pidiera e infringiendo, así, todo procedimiento establecido para que un tribunal pueda dictar una sentencia, lo más grotesco de todo fue que, en un auto posterior, “para aclarar la sentencia” (en un considerando de ese auto y no en parte resolutiva alguna ) sin haberle citado, oído y vencido en juicio, se privó al vicepresidente Espina del cargo para el que había sido electo por nosotros y se alteró la sucesión presidencial que, constitucionalmente, se encuentra establecida.

De igual forma que no debe el Estado perseguir los delitos con delitos, tampoco debe violar la Constitución con tal de defenderla y tal fue lo hecho en aquella sentencia y aquel auto por la Corte de Constitucionalidad.

Resulta absolutamente válido que el lector, a estas alturas, se pregunte qué relación tienen estos fallos con el título de esta columna y me permito explicarlo: cuando se permite una violación de la Ley, todas las demás se hacen posibles y muchas veces aquellos que aplauden una, al poco tiempo deben sufrir la violación en carne propia: tolerando la infracción de la Ley, cuando parece no afectarnos, se siembra el camino que hace posible, después, el propio agravio.

Para extraditar al expresidente Portillo a los Estados Unidos de América –creyendo que se servía a la Ley– se violó la Ley y, así, existiendo aún recurso pendiente en el proceso celebrado en su contra en Guatemala, proceso en el que fuera absuelto, pendiente aún el recurso de casación que estaba obligado a promover el Ministerio Público y que podía promover el acusado, incumpliendo sus deberes el Ministerio Público y violando las autoridades la Ley (no cabe la extradición si existe proceso local aún pendiente) accedieron a la extradición pedida.

Alfonso Portillo fue juzgado y condenado en los Estados Unidos de América no por lo que se prendió acusarle y condenarle, multimillonaria defraudación del patrimonio del Estado –defraudación jamás sustentada ni siquiera precariamente y menos aún probada– sino por cheques girados a su nombre por la República de China, Taiwán, no habiéndose decretado, en todo caso, ninguna inhabilitación en su contra para acceder a cargos públicos (la inhabilitación es una pena –temporal, como toda pena–que, una vez transcurrido el plazo que se establezca, deja de tener efecto alguno).

Sin que haya existido, entonces ninguna inhabilitación en su contra –tal la patraña perpetrada– burócratas electorales le denegaron en Guatemala su inscripción como candidato a diputado, haciendo caso omiso de que nadie puede ser condenado, ni privado de sus derechos, sin haber sido citado y vencido en juicio e ignorando que existe una pena denominada inhabilitación que tan solo pueden imponer los tribunales de justicia, pena jamás impuesta a Alfonso Portillo y que, de habérsela impuesto, habría estado en todo caso satisfecha, siendo como lo es una pena de carácter temporal.

Posiblemente Alfonso Portillo haya pasado por alto las violaciones constitucionales perpetradas por la Corte de Constitucionalidad en la sentencia y autos dictados con ocasión del inconstitucional acuerdo gubernativo del presidente Serrano, sin considerar que la primera infracción a la Ley que sea tolerada, abre las puertas –de par en par– a todas las violaciones sucesivas.

Y así es posible que Carlos Vielmann, por ejemplo, haya permanecido indiferente ante los atropellos sufridos por Alfonso Portillo, viéndose hoy atropellado, juzgado dos veces por los mismos hechos (la orden que, supuestamente habría impartido, tal, lo ya juzgado y que quiere juzgarse otra vez) violación del principio universal, non bis in ídem, no una segunda vez sobre lo mismo.

Se atropelló el derecho de Alfonso Portillo a ser electo, pero no solo el suyo sino también el derecho de elegir de todos nosotros: vedada ilegítimamente una candidatura que debió inscribirse y permitirnos –libremente– votar por ella o de-secharla: nosotros, los electores, los llamados por la Ley a tomar esa decisión –elegirle o no elegirle– calificar sus méritos y sus deméritos para decidirlo y no burócrata alguno. En su caso se violó el derecho que le correspondía de poder ser electo pero no solo su derecho sino, también, el derecho de los electores, el derecho de poder elegirle.

Infracciones de la Ley e infamias ¿no una infamia, acaso, las imputaciones mediáticas contra el expresidente, Fiscalía de Nueva York incluida, reducidas –modestamente– a los cheques de Taiwán? ¿No una infamia las acusaciones mediáticas vertidas contra el actual Presidente por presunto acoso sexual, reducidas a la nada? Agua derramada, que no se recoge.

¿Infracciones a la Constitución, para defender la Constitución? ¿Infracciones a las leyes, en defensa de la Ley? ¿Vulneración de principios universales como el non bis in ídem para hacer justicia? ¡Por favor!

Ya va siendo hora de que nos ordenemos y tengamos congruencia en lo que pensemos, digamos y hacemos. ¿No les parece?

Acisclo Valladares Molina
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COLUMNAS

San Miguel Chicaj y su fiesta patronal

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Eugenia de León

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Caracterizada por la multiculturalidad de sus pueblos y de la riqueza de su tierra y su gente, Guatemala nos brinda infinidad de destinos por descubrir. De acuerdo con el Inguat, 377 591 turistas llegaron a Guatemala entre el 15 y el 17 de septiembre pasados; la ocupación promedio hotelera fue del 91 por ciento, que se traduce en una derrama económica de Q320 millones. Esta revitalización turística se traduce en fuentes de empleo, turismo comunitario dinamizado y nuevas oportunidades de inversión en el sector. 

Hay una invitación del país a conocerlo, así que, en este espacio, vamos a dar algunas pinceladas de las comunidades y pueblos que concentran una hermosa magia y nos da la bienvenida, como lo es San Miguel Chicaj, municipio de Baja Verapaz, con un clima estupendo para actividades al aire libre.

Su nombre se deriva de los dos términos: Chi, que significa “en”, y Caj, que quiere decir “cielo”. Para hacer honor a su nombre, adentrarse en San Miguel Chicaj es como llegar al cielo.

”Un pueblo en el cielo“.

Con un agradable clima, es perfecto para iniciar un recorrido para descubrir sus riquezas desde muy temprano en la mañana. Se encuentra a 160 kilómetros de la ciudad de Guatemala. 

Es uno de esos pueblos llenos de tradiciones. Su fiesta patronal, en honor de San Miguel Arcángel, se celebra cada 29 de septiembre. Es muy entretenido acudir a presenciar la elaboración de coloridas alfombras que le darán paso a la procesión de San Miguel, que recorre las calles del pueblo bendiciendo a los feligreses. 

A las 10 de la mañana se celebra una misa, que los pobladores acompañan con las melodías de la marimba. 

Hay un desfile muy colorido, en el que participan chicos y grandes, y dentro de las danzas tradicionales se puede presenciar el Costeño, el de Animales y la Pichona, así como los Mazates

Los turistas gustan de apreciar estos bailes que forman parte de la cultura guatemalteca. 

Los días de la fiesta patronal se viven al máximo por los lugareños. 

La comida tradicional como el kakik, que es chompipe, como se le conoce al pavo, en un recado picante muy famoso en esta parte del país. Los abuelos enseñan a los hijos y nietos a participar de las
actividades.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Repensar la movilidad cotidiana (II)

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Juan José Pons 

Investigador del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra.

De esta forma, otorgando la importancia que merece la movilidad urbana y volviendo a los desplazamientos ocupacionales con los que comenzábamos, el hecho de que estos se concentren en el tiempo (en unos días de la semana y a unas horas muy concretas) y en el espacio (con destino en los grandes centros atractores de viajes como hospitales, universidades, polígonos industriales, etc.) permite arbitrar buenas soluciones de movilidad.

O al menos más sencillas que cuando se quiere actuar sobre los desplazamientos por motivos personales (ocio, compras, gestiones, etc.), generalmente más dispersos en el espacio y de carácter más esporádico.

Por tanto, esto supone una gran oportunidad para que las administraciones y los gestores del transporte público enfoquen sus políticas hacia este tipo de movilidad, que por sus características se prestan muy bien a la implantación de soluciones alternativas al uso del coche privado.

La decisión última sobre cómo nos movemos corresponde a cada persona, en función de sus circunstancias y posibilidades.

La realización de planes de movilidad sostenible a escala urbana y, particularmente, de planes de movilidad al trabajo (los centrados en una empresa o institución o en un conjunto de ellas) son una excelente manera de tomar conciencia y de identificar acciones concretas que permitan cambiar la movilidad de las ciudades.

El comienzo de curso, coincidente con la celebración de la Semana Europea de la Movilidad (16-22 de septiembre de 2022), es un buen momento para repensar nuestra movilidad diaria al centro de trabajo o al lugar de estudios. Aunque las ciudades actúen favoreciendo el desarrollo del transporte público y de los medios no motorizados, la decisión última sobre cómo nos movemos corresponde a cada persona, en función de sus circunstancias y posibilidades.

En ocasiones no hay alternativas razonables al uso del automóvil, pero en la mayoría de los casos es cuestión de plantearse un pequeño cambio de hábitos del que nos beneficiaremos todos. Puede parecer mucho esfuerzo para un resultado inapreciable en el conjunto de una gran ciudad, pero alguien tiene que empezar… Y podemos ser nosotros.

Universidad de Navarra
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COLUMNAS

Los vergeles con libros

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Joseluís González – Profesor y escritor

@dosvecescuento

Steiner fue un crítico valiente. Con la misma libertad de espíritu, Juan Manuel de Prada comenta sesenta obras que miran a Dios, entre el desierto de la literatura frívola o cínica y la insipidez de algún confesionalismo sin arte.

En el primer capítulo del primer libro de George Steiner (1929-2020) relucían, nada más abrir el ensayo, estas nobles palabras: “La crítica literaria debería surgir de una deuda de amor”. Venían después otras ideas y aspiraciones audaces de aquel joven y ya rotundo profesor de apenas 30 años:

“De un modo evidente y sin embargo misterioso, el poema, el drama o la novela se apoderan de nuestra imaginación. Al terminar de leer una obra no somos los mismos que cuando la empezamos. Recurriendo a una imagen de otro campo artístico, diremos que quien ha captado verdaderamente un cuadro de Cézanne verá luego una manzana o una silla como si nunca las hubiera visto antes”. Los libros no son solo lo que alguien escribe, sino lo que nosotros leemos e interpretamos. 

Tolstoy or Dostoievsky. An Essay in the Old Criticism se titulaba aquel estreno. Los apellidos de dos novelistas colosales del XIX eran tan radicalmente opuestos y tan imprescindibles como la aclaración que seguía en la cubierta del libro: se cerraba el año 1959 y Steiner ejercía la “antigua” crítica, la que no se plegaba a los postulados del New Criticism.

El reseñista de novedades literarias debe acreditar saber leer atentamente y con libertad
auténtica.

El New Criticism imperaba, en sus años de formación universitaria, en los estudios literarios angloamericanos. Aspiraba a hacerse, con rigor objetivo, ciencia empírica propia de la enseñanza superior. Huía de los defectos en que se había enredado el positivismo para centrarse primordialmente en el texto, en las palabras que desfilaban por las páginas. Su lema era ceñirse a esas “words on the page”.

La página, concebida como una urna. Como un tubo de ensayo. Como un sarcófago, para algunos. Pero el New Criticism logró análisis luminosos. Steiner iba más allá. Entrelazaba creencias filosóficas, intimidades y manifestaciones teológicas, convicciones o falsedades políticas y sinuosidades biográficas. Hasta con contradicciones. El texto es un sistema de relaciones donde se teje y se hilvana todo. Y es más que la suma de todos sus elementos. Las palabras se salen de sí mismas. No tienen un final. 

Dedicarse a la crítica literaria no equivale a ser reseñista. El reseñista de novedades literarias debe acreditar saber leer atentamente y con libertad auténtica, situar en el transcurso temporal de las letras tanto este título del que informa como a su autor. Tiene que escribir bien claro y encima con gracia para que se le lea sin disgusto. Con el ímpetu  de las palabras apasionadas, pero razonando sus juicios y su valoración. El reseñista, como se ve, no lo tiene del todo fácil.

Con ventaja para comentar libros partía el escritor Juan Manuel de Prada (1970) cuando el director de la revista religiosa Magnificat, Pablo Cervera, lo convenció por fin para colaborar en sus páginas mensuales. El narrador y articulista accedía a desentrañar obras de toda latitud, clásicos y desconocidos, que él eligiera y que a su juicio pudieran “alimentar la fe” y el espíritu de quien leyera.

No por los procedimientos, perdónenme, píos o proverbialmente parroquiales que la gente entiende por catequesis sino por su sentido más etimológico: el griego bizantino κατήχησι (katechesis) expresaba que algo resuena de arriba abajo, por completo, dentro. Sesenta comentarios reunidos en un volumen titulado Una biblioteca en el oasis. Merece la pena. Todos esos libros hablan de Dios. Los más interesantes “muestran las consecuencias del mal en la naturaleza humana” y “el valor vertiginoso de la Redención” y se apoyan en “la alegría de contar” y “la sustancia misma de la vida”.

A Steiner lo acribillaron por escribir sobre los titanes de la novela rusa sin hablar una palabra de ruso. Steiner sabía seis idiomas. Además de comprender el lenguaje universal del género humano. Como De Prada.

Colaborador DCA
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Gobierno de Guatemala

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