El simulacro nacional de terremoto, organizado por la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) y liderado por el presidente Bernardo Arévalo, permitió tomar el pulso a los planes preventivos y de rescate existentes para enfrentar una emergencia natural. Más allá de la evidente colaboración de instituciones públicas, comunas, cuerpos de socorro y empresas, resalta la seriedad con la cual se llevó a cabo el ejercicio. Aunque las lecciones aprendidas se conocerán en unas semanas, los avances alcanzados son palpables. Por ejemplo, el simulacro, conmemorativo de los 50 años del terremoto ocurrido en 1976, permitió a la población y a las instituciones públicas y privadas evaluar sus planes de respuesta. Además, se identificaron las áreas de mejora en los protocolos de evacuación y respuesta, se cimentó la cultura de prevención y se resaltó la importancia de estar preparados para desastres naturales. Estos mecanismos de medición, tan comunes en el mundo, permiten palpar la efectividad de los planes de respuesta y coordinación interinstitucional. De igual manera, se identifican los puntos rojos en infraestructura, así como se solventan aquellos obstáculos que, en un movimiento telúrico, impiden una ágil y tranquila movilización de los ciudadanos.
Como toda actividad estatal bien planificada y ejecutada, estos protocolos muestran el procedimiento a seguir antes, durante y después de un sismo. La importancia de que las familias sepan cómo evacuar residencias o edificios y dónde identificar lugares seguros es vital al momento de la toma de decisiones en circunstancias estresantes. Algo más, el simulacro es el acto propicio para definir mecanismos de comunicación y, sobre todo, permite actuar sin pánico para evitar riesgos y lesiones que pueden ser controladas. Sin embargo, hay otros elementos que estas ficciones hacen aflorar, como el sentido de solidaridad y de cooperación entre vecinos y amigos, elementos indispensables al momento de construir una sociedad más fuerte y resiliente, sobre todo en naciones que, como la nuestra, son propensas a los golpes de la naturaleza.











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