Ejercer ciudadanía

Después del descanso de la Semana Mayor. Ese parteaguas que se hace indispensable para tomar un respiro y un momentáneo alejamiento del entorno político, social y económico del país, que genera tanta expectativa en el imaginario colectivo. Retornamos con dos asuntos de gran relevancia y trascendencia para las y los guatemaltecos. El 31 de marzo de este año fue el último día en que la institución castrense diera acompañamiento por 18 años a la Policía Nacional Civil (PNC) en las tareas de seguridad ciudadana. Indudablemente, se ha vuelto tema de conversación y polémica entre los diversos sectores de la sociedad, pues unos opinan que la PNC no tiene las capacidades para contrarrestar los hechos delincuenciales cometidos por estructuras criminales que se dedican a los asaltos, a la extorsión, al secuestro y al asesinato, creando crisis y desestabilización.

Mientras, otros consideran que ya es momento de que la entidad policíaca desempeñe sus funciones y capacidades para las que fue instaurada, sin la compañía militar en esos menesteres. De hecho, la misión por excelencia del Ejército de cualquier país, es la defensa de la soberanía, la integridad del territorio nacional, la independencia y, en su caso, del orden constitucional. Asimismo, tanto la PNC como las huestes militares tienen sus propias funciones y delimitaciones en el ordenamiento jurídico del Estado. Lo cierto del caso es que el estado de fuerza policial, que comprende aproximadamente 40 mil elementos, tiene no solo la capacidad de resguardar el orden público sino el de brindar seguridad a la población, sobre todo, desplazándose a aquellas áreas que han sido convulsas y marcadas por los altos índices delincuenciales.

Vale recordar que, derivado de los Acuerdos de Paz, suscritos en 1996, la Guardia de Hacienda y la Policía Nacional de aquel entonces cesaron por completo sus operaciones, dándole paso a la Policía Nacional Civil, con el despliegue de sus agentes en el contexto nacional en 1997, llegando a cubrir los 22 departamentos del país en agosto de 1999. En ese sentido, la PNC ya ha dado muestras de su capacidad operativa desarticulando a las bandas criminales y aprehendiendo a integrantes de estructuras delictivas incrustadas en el tejido social. Por ello, hoy más que nunca, la PNC necesita del acompañamiento ciudadano en cuanto a fomentar la cultura de la denuncia para seguir cosechando buenos resultados en su combate frontal contra todas las formas de organización criminal.

Y, por el otro lado, el 15 de abril de 2018 acudiremos a las urnas a depositar el sufragio por cualquiera de las dos opciones del Sí o No ante la interrogante planteada en la papeleta. Constituyéndose en otra temática controversial, como lo es el diferendo territorial, insular y marítimo entre Guatemala y Belice, que data desde 1868, y más recientemente, a partir de 1981 y 1992. Por supuesto, que el voto es la savia de la democracia, y será la decisión de la mayoría que eleve, o no, esa consulta popular a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), para dilucidar lo que jurídicamente ese organismo dicte. En ambos casos, es imperativa la participación de una legítima y comprometida ciudadanía.

Fernando Lucero