Drama educativo

Apenas 14 mil 900 estudiantes de 149 mil examinados por el Ministerio de Educación superaron el logro mínimo en el aprendizaje de matemáticas, mientras que lectura fue aprobada por unos 45 mil. Los datos son del diagnóstico de la Dirección General de Evaluación e Investigación Educativa, el cual abarcó 148 mil 842 graduandos y 3 mil 879 planteles,

80 por ciento del sector privado.

De acuerdo con el estudio que se viene realizando anualmente, respecto de la primera en 2017 hubo una casi imperceptible mejora en comparación con 2016 y un crecimiento de 4.17 por ciento en relación con una década atrás. De la segunda, el “avance” fue de 0.01 por ciento.

Otras referencias indican que Escuintla, San Marcos y El Progreso subieron en matemáticas 4.63, 2.08 y 1.94 por ciento, respectivamente, en tanto que Santa Rosa, Alta Verapaz y Jutiapa disminuyeron, en el mismo orden, 0.94, 0.84 y 0.57.

En lectura, Escuintla, San Marcos y Petén aumentaron sus habilidades 2.72, 2.20 y 1.63 por ciento, y Chimaltenango, Santa Rosa y Totonicapán disminuyeron 4.12, 4.11 y 3.57 por ciento. Preocupación, pena y vergüenza generan esos números debido a que manejar con alto nivel estas 2 disciplinas es indispensable para quienes son opción de entrar en el mundo de la productividad al cerrar la formación secundaria e ingresar en la universitaria. Tal turbación no es para “un mate de risa”, aunque trajo las naturales y hasta ya irrelevantes críticas que no van más allá de las catarsis de ocasión, pues no llegan al fondo ni a buscar soluciones.

Y es que si bien el fracaso puede atribuirse a la cartera del ramo, a las continuas protestas de los sindicalistas y a las deficiencias del modelo de enseñanza, la responsabilidad también está en los hogares y en distintos ámbitos de la sociedad.

Vemos normal y estimulamos que “como a la gente no le gusta leer” hay que resumirle toda información, incluso es “más efectiva con dibujitos e ilustraciones”. Hace unos meses, en una reunión política se sugirió presentar la propuesta programática en un bifoliar con mucho arte visual, ya que “quién iba a leer una plataforma con objetivos, metas, planes, acciones…”

No es extraño que niños, niñas y adolescentes en lugar de tener un libro en sus manos, manipulen un móvil con el emocionante juego de moda o dando “me gusta” a cuanto pasaje baladí se publica. Según la canadiense Catherine L’Ecuver, autora del texto “Educar en el asombro”, la tecnología es altamente adictiva y causa fascinación, pero no atención sostenida, de manera que no es prudente suministrar una pantalla a alguien menor de los 5 años de edad. Con sus obras, Julio Verne fue un visionario que movió las neuronas de millones de personas que gracias a él moldearon la pasión por leer y pensar.

Menciono al francés que nació hace 190 años, por su trascendencia y para preguntar: ¿Y… cómo estaremos en redacción y ortografía?

Héctor Salvatierra