Pablo Sigüenza Ramírez
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En 1952, el guatemalteco Doroteo Guamuch Flores ganó la maratón de Boston. Había ganado, dos años antes, la prueba de los 10 mil metros en los juegos Centroamericanos y del Caribe. Un deportista en toda magnitud. Como homenaje al logro de Doroteo, el Gobierno de Guatemala de aquella época cambió el nombre al recién construido recinto deportivo: de Estadio Revolución pasó a ser llamado Estadio Nacional Mateo Flores. Un homenaje discriminatorio a un atleta indígena: no lo llamaron por su nombre, lo modificaron para que sonara castellanizado. Era imposible utilizar el verdadero nombre y apellido de Doroteo, porque era indígena. A los directivos del fútbol del país les parecía que el estadio debía tener un nombre ladino.
El debate refleja el miedo de los sectores hegemónicos de la sociedad guatemalteca a modificar contenidos simbólicos.
El 09 de agosto de 2016, el Congreso de la República emitió el Decreto Legislativo 42-2016 que mandata reformar el nombre del Estadio Nacional. Doroteo Guamuch Flores es nombrado desde aquel momento. El decreto generó un debate importante en los medios de comunicación y en la opinión pública. Devolver la dignidad a la identidad del corredor, fallecido en 2011, y recuperar un apellido indígena para el estadio deportivo más grande del país fue señalado como acto segregacionista por los sectores conservadores. Algunos actores calificaron como culturalista y cosmético el cambio de nombre y reclamaban “Revolución” como el nombre original del recinto.
El debate refleja el miedo de los sectores hegemónicos de la sociedad guatemalteca a modificar los contenidos simbólicos que marcan las relaciones sociales que vivimos cotidianamente. El símbolo y la cultura son formas concretas con las que intervenimos en la realidad y son dispositivos de poder. Para la lucha de los pueblos indígenas fue un reconocimiento importante; una pequeña victoria en el imaginario racista que prevalece aún en estos tiempos y que marca de manera profunda las relaciones sociales de las y los guatemaltecos. Guatemala es, pues, un país en el que las luchas de organizaciones campesinas e indígenas se han desarrollado en un contexto de racismos extremos. Y también desde este contexto, las organizaciones generan sus discursos identitarios. ¿Ha asistido últimamente al estadio Doroteo Guamuch?











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