Gabriela Montenegro Bethancourt, MSc, PhD
Secretaria Nacional de Ciencia y Tecnología
La diplomacia científica es un enfoque que vincula la ciencia con las relaciones internacionales para abordar desafíos globales. Recientemente, en la Unesco, París, se celebró un diálogo ministerial sobre este tema bajo el lema: “Construir la paz en la mente de hombres y mujeres a través de la ciencia, la educación, la cultura y la comunicación”. La paz y la comunicación son fundamentales, ya que la diplomacia y la ciencia unidas pueden ser ese elemento necesario que trascienda fronteras.
Este enfoque se basa en la confianza y la cooperación, permitiendo compartir conocimientos científicos a nivel internacional. La ciencia, aplicada a la diplomacia, facilita la toma de decisiones en áreas clave como la salud pública, el medio ambiente y la seguridad alimentaria. La colaboración entre países fortalece relaciones y promueve la cooperación más allá de intereses políticos o económicos.
La diplomacia científica se asienta en la no violencia y la confianza. A través de proyectos conjuntos, se crean lazos sólidos que ayudan a resolver problemas compartidos. La equidad en la ciencia es crucial; el acceso al conocimiento debe ser un derecho universal, promoviendo la ciencia abierta sin comprometer valores fundamentales. La inequidad no solo es un desafío entre naciones, sino también dentro de ellas, lo que resalta la importancia de compartir infraestructura, experiencias y formación de capital humano.
Este enfoque se basa en la confianza y cooperación.
Guatemala avanza en diplomacia científica mediante el trabajo conjunto del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minex) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Concyt), a través de la Senacyt. Aunque no cuenta con una estrategia formal, ha logrado avances mediante cooperación internacional y redes científicas.
La diplomacia, como medio pacífico de gestión de relaciones internacionales, se basa en el diálogo y la negociación. En este sentido, la diplomacia científica permite a los países representar sus intereses en el ámbito global en cuanto a la generación, aplicación y difusión del conocimiento. La diplomacia puede estar subvalorada; sin embargo, tiene un gran potencial para abordar problemas globales. Su impacto se refleja en diversos aspectos: fomenta la cooperación internacional, facilita la resolución de desafíos globales, construye confianza mediante el intercambio de conocimientos, impulsa la educación y el desarrollo sostenible, y empodera comunidades vulnerables.
Me complace el compromiso de la vicepresidenta de la República, Dra. Karin Herrera, presidenta del Concyt, en impulsar estas iniciativas de cooperación a través de la Senacyt, reconociendo el valor de la ciencia como una herramienta fundamental para la construcción de una cultura de paz. En Guatemala y América Latina, la diplomacia científica puede ser clave para el desarrollo y la paz, especialmente en temas como nutrición, seguridad alimentaria y cambio climático, que son de gran relevancia en la región.











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