Dina Ramírez llama a su Conde Daniel

El paso de Dina Ramírez por la música inició en el conjunto de una iglesia, y continuó con la agrupación De la Rut, en la que exploró el reggae y el soul. Pero, el verdadero llamado la saxofonista guatemalteca lo sintió por el jazz. Conde Daniel, su primer disco,  se presenta hoy a las 20:00 en Trovajazz,  vía 6, 3-55, zona 4. Admisión Q50.

El conde

Conde Daniel recoge ocho canciones y cuatro “respiros”, como los llama Dina Ramírez. “Este disco trata de reflejar la naturalidad de disfrutar del jazz. Los interludios son similares a parar por un momento y escuchar a tu alrededor las pláticas casuales, las risas, el choque de los tenedores y los ruidos de los automóviles. Así es este género, si le prestas atención te puede llegar a gustar”, dice la saxofonista.

Una sola letra

En diciembre del año pasado, Ramírez se sumergió en la búsqueda de un título y un concepto para su álbum. Apareció entonces Conde Daniel, un juego de palabras entre la letra inicial de su nombre (con “D”) y Daniel, el personaje bíblico al que la instrumentista considera un modelo a seguir y por quien plasma su admiración en una pieza.

De Distante a Duba, el primer y último tema del material, respectivamente, se mantiene un denominador común: todas las canciones comienzan con “D”. Este estilo se conserva incluso en los interludios Deco, inspirado en Deco City; Doroteo,  que alude a la Calzada Doroteo Guamuch Flores; y D M S, nombrado en honor de la productora musical.

Validación

Con esta producción, Ramírez se consolida en un género al que, al menos en el ámbito local, pocas mujeres se dedican. “La industria es pequeña; hay más hombres, y se cuestionan si eres buena artista. Entrar, que te logren escuchar y validar lo que compones, cuesta. Hay que demostrarles que realmente sabes lo que haces”, explica.

A pesar de eso, el apoyo de sus compañeros de profesión no le ha faltado. En esta placa, los experimentados David Batz (batería), Cristóbal Pinto (guitarra), Víctor Arriaza (piano) y Laura Pellecer (contrabajo) le ponen un toque “personal” a las composiciones de la guatemalteca. También participa el poeta Alejandro García, cuyos versos acompañan algunos temas. El jazz, dice Dina, requiere de práctica y experiencia, que el tiempo al final premia. Por eso, confía, su sonido la llevará a cruzar fronteras.

Berta Abrego