Día del padre

La celebración del día del padre no se ha comercializado tanto como la celebración del día de la madre por muchos factores, para muestra algunos detalles: no hay descanso ese día para los padres, en muchos casos, ni celebración se programa en los trabajos o en las familias; es un día como cualquier otro, no pasa nada, a veces un abrazo, una llamada, en algunos casos un recuerdito, una cena, una refacción en familia, de todo hay, pero como somos muy pocos expresivos, también, recibimos eso. Sin embargo, yo no quiero pasar inadvertido este día.

Algunos padres se esfuerzan por sus familias, siempre están fuera de la casa, sus horarios y trabajos afuera son agobiantes y a veces tienen que realizar más de una actividad laboral, para lograr ingresos que cubran las necesidades básicas de la familia. Esto contribuye a que descuiden en gran medida a sus familias. En la gran mayoría de los casos, anteponen el bienestar de su familia al de ellos. En la sociedad existe la idea de que los hombres no deben expresar mucho sus sentimientos, el hombre no llora dicen algunos, los machos tienen varias mujeres, dicen otros, los hombres son de la calle, los trabajos de la casa son para mujeres no para hombres, son algunos mensajes que se oyen con frecuencia y así, van sumándose modelos que hacen que los hombres se abstengan de demostrar cariño y amor hacia la familia, se limitan o no se expresan abiertamente. En los padres de familia hay de todo, desde el responsable, que hace todo por su familia y trata de ser ejemplar, dedica tiempo, conversa con sus hijos, sabe lo que está pasando en la familia, es la cabeza del hogar. Cuida a su pareja, la entiende y atiende.

Pero también hay aquellos que trabajan para ellos, y no les importa lo que está pasando en la casa. Está también el padre que solo es padre porque biológicamente contribuyó a la fecundación. Hay una categoría más, las madres que son padres, aquellas mujeres que luchan cada día haciendo los dos roles, de esas hay muchas. Pero no quiero dejar de citar a los padres que también son madres, que hacen los dos papeles, también hay muchos. Señores padres de familia que lean esta columna, nuestro papel es clave, pero debemos reflexionar profundamente acerca de lo que hacemos en nuestras vidas y con nuestras vidas. Debemos entender que no hay nada más preciado que nuestras familias. El trabajo se termina, los amigos también, la belleza, todo termina, la vida misma acaba. Pero solo nuestros hijos y nuestra pareja estarán ahí siempre, cuidándonos, sirviéndonos, o llorándonos con sinceridad, esto se dará si hemos regado el jardín del cual son ellos parte. Bendiciones, padres.   

Oscar Hugo López