Los suburbios del sur de Beirut, conocidos como el Dahye, se transformaron ayer en un mar de dolor cuando unas 85 mil personas se congregaron en el estadio de la Ciudad Deportiva para asistir al funeral de los líderes de Hizbulá Hasán Nasrala y Hashem Safi al Din.
Casi cinco meses después de la muerte de Nasrala, Hizbulá organizó una ceremonia funeraria multitudinaria en la que su comunidad se concentró haciéndose eco de gritos de “sacrificio por Nasrala”, mientras su féretro junto al de quien iba a ser su sucesor, Hashem Safi al Din, desfilaban por el estadio.
Para muchos, no fue solo un día de luto nacional, sino un momento profundamente personal de despedida y un compromiso tácito de seguir “resistiendo”, explicó Ali, en el momento en que las lágrimas aparecieron en el rostro de los asistentes.
“Mi hermano es un mártir; todos cuando llega el momento estamos en este camino, todos nos sacrificamos en este camino”, agregó.
Voces de dolor
El funeral fue una despedida personal. Ali, residente en Beirut, se encontraba entre los dolientes, sus ojos reflejaban años de profundo sufrimiento.
En declaraciones a EFE, compartió su conexión con el momento. “Hoy es el más duro, hoy es el más triste, es el día de la despedida”, dijo emocionado.











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