Dr. Jorge Antonio Ortega G.
La construcción del futuro es un ejercicio permanente e irreversible para la humanidad, debido a la incertidumbre que produce el desconocimiento del porvenir. La prospectiva permite en buena medida definir la construcción de escenarios probables y deseables, así como los no deseables.
La ansiedad que produce lo inesperado genera la incursión de esas construcciones mentales a través de estadísticas, probabilidades y proyecciones que diluyan la neblina que bloquea la visualización de un amplio, claro y profundo horizonte del futuro.
Hoy, se cuenta con apreciaciones catastróficas del destino de la humanidad y del globo terráqueo debido al comportamiento humano. La contaminación, el calentamiento global, la escasez del líquido vital, la sobrepoblación, las guerras con la amenaza de la utilización de armas nucleares y los accidentes contaminantes hacen la formación de un escenario trágico para todos en el 2050.
Mucho se agita la bandera del fin del mundo y se provocan situaciones que destruyen esfuerzos y esperanzas en vía contraria. Pero aún existen propuestas que requieren de unidad política global para hacer un alto y buscar los cambios necesarios de la conducta terrícola para resanar nuestro planeta. Es un asunto de educación, de hábitos inculcados en casa y de corregir conductas a todo nivel, pero en una sola dirección: salvar nuestro planeta y la vida que habita en él.
Todos producimos basura, la diferencia radica en qué hacemos con ella.
Los cambios de conducta son sencillos como, por ejemplo: estar claros que todos producimos basura, la diferencia radica en qué hacemos con ella. En el presente, el hecho de separar lo orgánico de lo no orgánico es el primer paso. Luego, lo reciclable como el vidrio, plástico, metal y papel que puede producir ganancia económica o energía como los biodigestores que producen metano de múltiples usos. Ahora la basura produce dinero, si cambiamos de actitud en el manejo de los desechos sólidos.
En esa misma línea, motivar a los emprendedores a la conformación de empresas dedicadas a el reciclaje a través de capitales semilla desde la iniciativa privada que permitan dejar de lado la improvisación que se observa en la actualidad. La prohibición del uso del plástico por sí solo no es una solución integral, se tiene que es-
timular a las empresas a cambiar sus envases y a los consumidores a reutilizarlos o reciclarlos. Luego la comercialización de dicho reciclaje en el ambiente nacional y extranjero para cerrar este círculo medular del manejo de la basura que todos producimos. Una proyección prospectiva de hace diez años sentenciaba que la ciudad capital se iba ahogar en basura y a morir de sed en el 2030 sino se hacían cambios radicales con el manejo de la basura y el uso del agua.
El territorio guatemalteco es el que tiene el mayor recurso hídrico de Mesoamérica y debido a ello no se le cuida, no se controla su uso y lo contaminamos sin el menor remordimiento, de muestra: el lago de Amatitlán contaminado a morir y el río Motagua que arrastra la basura de más de 160 municipios, desechos que llega a las playas del Caribe.
Es hora de actuar desde los núcleos familiares, hacer los cambios en cada uno de los espacios donde habitamos y laboramos, es un esfuerzo individual que podemos masificar y llegar a impactar en forma nacional y ser ejemplo para otras naciones. Esta es una decisión que hay que tomar lo antes posible, el tiempo transcurre y no hay forma de detenerlo, al igual que la contaminación. La migración al planeta Marte es una posibilidad a futuro, pero no es para todos. Es más sencillo y económico el cambio de actitud hacia nuestro planeta, es una decisión de vida o muerte para todos. Es un desafío global y una respuesta nacional que nace en el seno de nuestros hogares ¡Anímese a convertirse en un agente de cambio!










