Decenio revolucionario y el Caso Belice

Los principales objetivos de la Revolución guatemalteca

(1944-1954) fueron incorporados en la Constitución de 1945 (vigente hasta 1954), que reconocía la necesidad de aplicar importantes reformas políticas, económicas y sociales en el país. Aunque solo estuvo vigente por 10 años, reflejó uno de  los grandes logros democráticos de dicha Revolución, en el que se distinguen dos etapas: la primera se extendió hasta 1951, bajo la presidencia del Dr. Juan José Arévalo y destacan las conquistas populares, nuevas regulaciones laborales, electorales y de seguridad social, así como la formulación de una política exterior más independiente. En la segunda etapa, bajo la presidencia de Jacobo Árbenz (1951-1954), el proceso se radicalizó y se orientó hacia el  nacionalismo revolucionario, adquiriendo un carácter agrario, antifeudal y antiimperialista. La medida más avanzada de este último gobierno fue la Ley de Reforma Agraria (17 junio 1952 – Decreto 900).  La Revolución guatemalteca terminó con la renuncia del presidente Árbenz Guzmán y la intervención de los Estados Unidos en Guatemala el 17 de junio de 1954.

Gran Bretaña y Guatemala se habían disputado Belice por más de un siglo cuando, en 1945, por elección popular y por abrumadora mayoría, llegó a la presidencia el Dr. Arévalo Bermejo, quien llevó a cabo una política exterior nacionalista, mientras que, internamente, alentaba los movimientos laborales e instituía reformas sociales de largo e importante alcance. En ese marco, reabrió la disputa de Belice con Inglaterra, que se suspendió por la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con Cardoza y Aragón, excanciller de la Revolución, “la conducta de Guatemala fue ejemplar en lo internacional; su lucha contra el colonialismo, uno de sus puntos principales” y en cuanto a la  reclamación de Belice “la lucha por la recuperación del territorio de Belice, se mantuvo con mayor empuje, enlazada a la lucha anticolonial.”

Efectivamente, durante el gobierno de Arévalo, las reclamaciones guatemaltecas sobre Belice fueron mayores e, incluso, se incorporó a la Constitución de 1945 que este era parte del territorio guatemalteco, y en 1946, el Congreso de la República (Decreto 224) confirmó y aprobó la declaración de caducidad de la polémica  Convención de 1859.  También se hizo la denuncia  internacional (1946).

Recomiendo revisar el discurso del Dr. Guillermo Toriello Garrido, canciller del gobierno del presidente Árbenz; este fue dado en la X Conferencia Interamericana (OEA), el 5 marzo 1954 en Caracas, tras el cual le valió merecidamente el título de canciller de la Dignidad. Es un histórico y valioso documento, digno de análisis y estudio en toda América y especialmente en nuestro país. Belice fue siempre una prioridad durante los gobiernos revolucionarios guatemaltecos.

Sara Solís