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¿De verdad se divide el mundo en dos?

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Juan Ángel Monreal, redactor de Diario de Noticias de Navarra, compañero de asignatura en la Facultad de Comunicación, maestro en la elegancia de la amistad, deja planear en clase este dilema decisivo sobre la prontitud en la profesión: No hay más que dos tipos de periodistas: los rápidos… y los que no son periodistas”. Es una clasificación incontestable.

Enseñar con el aliciente del humor ayuda a aprender, me parece a mí. Y a asimilar. Otro amigo nos reveló un día esta otra división, no tan comprobada: “No existen más que dos tipos de personas: los que tienen úlcera de estómago y los que la provocan”.

¿De verdad se divide siempre el mundo en dos? Y el futuro… ¿en cuántos gajos? Y el presente, con planos numerosos, inclinados, tangenciales, paralelos, con más encuadres que un largometraje, ¿cuántas fragmentaciones y visiones admite? ¿Vemos el mundo tal y como es? Uno casi prefiere sobrellevar una perforación intestinal que encarar lo real y sus contradictorios enfoques. ¿A quién no le tienta separar en dos campos todo lo que tenga por delante? Vencedores o vencidos, dentro o fuera.

¿A quién no le tienta separar en dos campos todo lo que tenga por delante?

Apocalípticos e integrados, carne o pescado. Parece este un tiempo de redes implacables y de riesgos de polarización política, económica, social, cultural… Parece nuestra propia era, tan global y tan local. Sin embargo, un libro titulado Factfulness (2018) (la parte de la realidad fundada en hechos), del médico y profesor y estadístico Hans Rosling, quiere desmentir con datos gigantes la idea rotundamente equivocada de que el mundo está dividido en dos.

Por ejemplo: a escala global, ¿qué porcentaje aproximado de adultos sabe leer y escribir? ¿El 80 por ciento, el 60 por ciento, el 40 por ciento…? ¿Aumentaron en el siglo XX las muertes por desastres naturales? Las respuestas que da la mayoría de la gente (periodistas, responsables de grandes empresas, cargos políticos, pensadores, público en general…) se desvían de la realidad de los hechos, de los datos condensados. Es más: tienden (tendemos) a creer que las cosas van peor de lo que van.

Sin embargo, el mundo se encamina hacia el progreso material. Leen y escriben ochenta de cada cien adultos. La esperanza de vida promedio ronda los setenta años. Y la perspectiva suele ser amplia y favorable. En definitiva, aseguraba el bueno de Rosling, este mundo no es tan malo ni tan peligroso ni está tan desesperado como pensamos. Pero ¿por qué lo vemos mal? Diez inclinaciones (instincts), diez sesgos parecen explicar por qué entendemos erróneamente la vida. Según Rosling, son el instinto de la separación (esa tendencia a dividir todo en dos), el instinto de negatividad, el de la línea recta, el del miedo, el del tamaño, el de la generalización, el del destino o la suerte, el de la perspectiva única, el instinto de culpa y el de urgencia. El sesgo de la negatividad se plasma en que retumban con más eco y más información los sucesos negativos que las cosas que van bien.

El prejuicio de la línea recta asevera que, si nos ceñimos a los hechos, la vida dibuja altibajos, curvas. Rosling lo explica con amenidad y encadenando anécdotas y ejemplos. Da gusto leerlo. Un profesor de Redacción de la Universidad explica que lo contrario de vender no es exactamente comprar. Y pregunta si desaconsejar equivale a no aconsejar.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Thils y la Teología de las realidades terrestres (III)

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Juan Luis Lorda
Profesor de la Facultad de Teología

La tercera parte muestra el gran movimiento que va desde la creación de Dios, con el misterio del pecado y la redención, hasta la consumación en Cristo, por obra del Espíritu Santo. Allí hay que encuadrar estas realidades.

Hay un designio creador de Dios sobre la acción humana en el mundo (que prolonga su creación), hay pecado que deforma, y acción redentora que sana, y hay tensión escatológica y trascendente hacia el final: no se puede hacer un mundo que quede encerrado en sí mismo.

Y en este marco, Gustave Thils está convencido de que la acción del Espíritu Santo en el mundo no se limita a la santificación interior de las personas ni a la acción litúrgica de la Iglesia, sino que abarca a toda la creación herida por el pecado. Los cristianos deben participar en ese movimiento desde su lugar en el mundo.

Toda obra participa de la acción divina, de su causalidad, y es prolongación de su creación.

La cuarta parte, llamada “simples esbozos”, que es la más larga, aplica todo lo visto a algunas grandes realidades terrestres: la constitución de las sociedades, la cultura y la civilización, la técnica, las artes y el trabajo humano. En cada caso se trata de comprender su lugar en la prolongación de la acción creadora de Dios, pensar en cómo son afectadas por el pecado, sanadas por la redención y dirigidas por el Espíritu hacia la gloria de Dios.

Por ejemplo, sobre el trabajo. Apoyándose en santo Tomás, dice que toda obra participa de la acción divina, de su causalidad, y es prolongación de su creación. El aspecto creativo subraya que el ser humano es imagen de Dios.
Ciertamente, está tocado por el pecado, pero el trabajo no es consecuencia del pecado, solo es consecuencia su aspecto penoso.

Y precisamente por eso, también puede tener un aspecto redentor. “Restaurar una sociedad, la cultura o el arte es transfigurarla según el Espíritu Santo: esto no es solo una promesa, se realiza de verdad. […] Por eso la actividad humana que transmite la redención al mundo terrestre es por lo mismo, una actividad redentora” (191).

“Uniendo todas las formas de las actividades redentoras terrestres y uniéndolas a las actividades teologales y teocéntricas de la vida interior se logrará una vista bastante completa de lo que es la ‘vida cristiana’ en su conjunto, con toda la universalidad que posee en Dios y en el Espíritu” (194).
Continuará…

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Decreto 93-96, desempeño social, la electrificación rural

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Ángel García
Director Comisión Nacional de Energía Eléctrica
[email protected]

Hasta ahora, estimado lector, hemos revisado en conjunto el grado en que la Ley General de Electricidad (LGE) ha alcanzado sus objetivos, así como evaluado algunos retos asociados a la matriz energética nacional, llegando a la conclusión que la LGE ha cumplido con los objetivos planteados para tan importante cuerpo legal guatemalteco y que los retos aún pendientes en la matriz energética pueden considerarse manejables, y que también pueden enfrentarse con ajustes en lo referente a la normativa, sin la necesidad de incurrir en modificaciones a dicha ley así como a sus reglamentos.

Estos proyectos deberán ser evaluados económica y
socialmente.

Entonces quedan pendientes de revisión dos retos asociados a uno de los temas más importantes del subsector de energía eléctrica nacional, como lo es la electrificación rural, y son los siguientes:

1)La calidad del servicio de electricidad que se presta al usuario puede considerarse como mala en el área rural.


2)El porcentaje aún por electrificar en la República de Gua-
temala es grande, y presenta grandes desafíos financieros en inversión y en subsidios.

Al respecto, el Decreto 93-96, Ley General de Electricidad, en el Artículo 47, indica lo siguiente:

1)Es una función estatal de naturaleza opcional: El Estado podrá otorgar recursos, cuyo objetivo sea para costear total o parcialmente la inversión de proyectos de electrificación rural, de beneficio social o de utilidad pública, que se desarrollen fuera de una zona territorial delimitada. 

2)Esos proyectos son objeto de subsidio: Los recursos que otorgue el Estado serán considerados como un subsidio, los cuales no podrán ser trasladados como costo al usuario. 

3)Los proyectos de Electrificación Rural debieran ser operados por un distribuidor, al quedar ya operativos: Las obras que se construyan con estos aportes serán administradas y operadas por el adjudicatario, quien en estas actividades se obliga a mantenerlas en perfectas condiciones de uso.

4)Estos proyectos deberán ser evaluados económica y socialmente. El Artículo 77 del Reglamento de la Ley General de Electricidad (RLGE) manda al MEM establecer un procedimiento para la elaboración de un informe de evaluación económica y social del proyecto. Lo anteriormente indicado, con el fin de resolver la procedencia o improcedencia del mismo.

Es así, estimado lector, que de lo anteriormente expuesto concluimos que la construcción de redes destinadas a electrificar las áreas rurales no es una función prevista en la ley para los inversionistas privados; por el contrario, el marco legal lo asigna en forma directa a la gestión estatal por medio del MEM.

Se observa también que el financiamiento de la electrificación rural está previsto para ejecutarse con fondos estatales, concepto que se reafirma en el Artículo 61 del Reglamento de la LGE, el cual manda a estructurar las tarifas de modo que puedan promover la igualdad de tratamiento a los consumidores y la eficiencia económica del sector, enfatizando que en ningún caso los costos atribuibles al servicio prestado a una categoría de usuarios podrán ser recuperados mediante tarifas cobradas a otros usuarios.

Y que dentro de todo el marco legal del sector eléctrico únicamente en dos artículos, el 47 de la ley y el 77 del Reglamento de la LGE se aborda dicho tema, se deduce que su desarrollo está todavía pendiente, constituyéndose en una necesidad y a la vez en una oportunidad para nuestra sociedad.

El único intento de legislar el suministro para pequeños consumidores se dio por medio de la ley de tarifa social, Decreto 96-2000, el cual por cubrir un rango de consumidores bastante más amplio que el que podría corresponder a la electrificación rural se desenfoca de ese objetivo. ¿Cuál podría ser su contenido para hacerla operativa? Es lo que se continuará planteando en próximas fechas.

Colaborador DCA
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La nueva variante del Covid-19 trastoca salud y comercio (I)

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Gustavo Capdevil
Agencia Internacional de Noticias Inter Press Service (IPS)
https://ipsnoticias.net/noticias/derechos-humanos/

Todo estaba advertido, tanto el brote de una variante más contagiosa del Covid-19 que desató nuevamente las alarmas sanitarias internacionales, la amenazante ómicron, como también la confirmación de la morosidad de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para zanjar la puja entre países ricos y pobres por el reparto de las ganancias que dejan los intercambios.

Los dos factores se conjugaron el pasado viernes 26, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró “preocupante” al nuevo tipo de Covid-19 y sus mutaciones, y puso en alerta al sistema de investigación científica de la institución que indaga características y efectos de la nueva variedad.

Horas más tarde, cuando varios países, entre ellos Suiza, cancelaron vuelos a naciones de África del Sur, la OMC suspendió “indefinidamente” su 12 Conferencia Ministerial, que debía sesionar del 30 de noviembre al 3 de diciembre en territorio suizo. La índole del virus y las perspectivas de multiplicarse de manera arrolladora, como lo ha hecho hasta ahora, y de transformarse en una variante más insidiosa, como aparenta el ómicron, ya se conocían desde que China oficializó la irrupción del SARS-CoV-2 en los primeros días de enero de 2020.

La sociedad internacional había sido prevenida.

La sociedad internacional había sido prevenida de ese peligro por una comisión de científicos que encabezaba la médica noruega Gro Brundtland, exdirectora general de la OMS. Pero el sistema sanitario no estaba preparado y los primeros meses fueron caóticos hasta que mejoraron los sistemas de producción y los laboratorios descubrieron fórmulas de vacunas apropiadas.

A lo que no se encuentra solución es al vacío moral que envuelve a los centros de poder universal en materia de vacunas y de otros tratamientos anticovid, como no se cansan de repetir el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, y el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Esa falencia debilita la cooperación internacional y favorece el culto a la maximización de la ganancia, los dos factores que han impedido la distribución equitativa de vacunas y demás paliativos a la pandemia y han dejado un saldo de sufrimientos y muertes.
Continuará…

Colaborador DCA
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