Danilo Briones da forma a las cabelleras sacras

Como si nada, la Cuaresma ha llegado; y templos, calles y avenidas se preparan para recibir los cortejos procesionales. Sin embargo, detrás de esos elementos que todos podemos observar, están las personas que, de una u otra manera, los hacen posibles gracias a su Tradición, fe y devoción. Uno de ellos es Danilo Briones, un artista religioso que, mediante una labor minuciosa, transforma melenas naturales en cabelleras para nazarenos, soledades, sepultados y dolorosas.

Más allá de la estética

Dentro del taller de Danilo Briones pueden observarse cabelleras de distintas dimensiones y colores elaboradas con mechones naturales donados, en su mayoría, por devotos. “Las imágenes religiosas, al igual que la gente, poseen diferencias físicas. Cada una debe personalizarse y requiere tomar medidas, definir proporciones y especificar giros y movimientos de tuercas y tornillos”, expresa. Por eso, más que un peluquero, se considera un artista que no crea a ciegas.

Un proceso minucioso

El trabajo de Briones demanda ser minucioso. Así, uno de los procesos que desarrolla consiste en tomar entre 7 y 8 piezas de cabello para fabricar “cortinas” de tejido artesanal, que son sometidas a una homogenización de color. El peinado es otra fase clave y está directamente relacionado con la tradición e historia de cada imagen. Es decir, antes de definir un estilo es necesario conocer la corriente artística a la que pertenece la obra.

A tiempo completo

La pasión de Danilo se debe obviamente a su fe católica, pero también a la devoción heredada de su abuela, María del Carmen Vásquez, quien le compartió todos sus conocimientos y técnicas en esta labor. Su primer acercamiento, recuerda, fue en la adolescencia, una etapa en la que quiso reflejar lo que veía en las procesiones. “Al egresar de la universidad como diseñador gráfico, no contemplaba dedicarme a esto; mas ahora lo hago a tiempo completo”, comenta.

Las puertas del estudio, bautizado como Danilo Briones Cabellera Sacra, permanecen abiertas durante todo el año, gracias a la “riqueza” del calendario litúrgico. Y, aunque las temporadas altas son la Cuaresma y el Adviento, sus piezas arriban en cualquier época a templos como La Merced y la Parroquia de Nuestra Señora de Candelaria, en la capital; y también a diversas iglesias en Antigua Guatemala y Quetzaltenango. Sus creaciones además han llegado a México, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua y Panamá.

Stephany López