¡Cuidemos los manglares!

El ecosistema manglar en Guatemala se encuentra distribuido en el litoral Pacífico y Caribe, representando una superficie de 25,089 hectáreas. Su composición, estructura y funcionamiento se encuentran determinados por la interacción entre los factores biológicos, físicos, químicos y humanos que actúan en diferentes niveles para su desarrollo y conservación.

Guatemala, como un país megadiverso, contiene una gran riqueza en áreas muy reducidas, y parte de esta riqueza en biodiversidad lo constituye el ecosistema manglar, como por ejemplo, los mangles ubicados en Bocas del Polochic, río Sarstún, Bahía de Santo Tomás, Punta de Manabique, Río Dulce, en Izabal; los manglares del Pacífico, como Manchón Guamuchal, la Reserva Natural de Usos Múltiples Monterrico, Parque Nacional Sipacate-Naranjo, Hawáii, Las Lisas y La Barrona. El núcleo principal de este ecosistema, tanto en climas secos como lluviosos, está compuesto por especies de los géneros Rhizophora y Avicennia. En Guatemala, se considera que el 80 % del manglar está conformado por mangle colorado y rojo (Rhizophora mangle), el resto por mangle negro (Avicennia germinans), mangle blanco (Laguncularia racemosa) y con pequeños estratos de mangle botoncillo (Conocarpus erectus). Estas 4 especies de mangle se encuentran categorizadas como especies protegidas en la Lista de Especies Amenazadas de Guatemala (LEA). Los manglares son de los ecosistemas más productivos del mundo, son sitios de protección, alimentación y crianza de especies de suma importancia, ya que proveen de servicios y bienes que ayudan al sustento de muchos guatemaltecos; la pesca artesanal es un claro ejemplo, así como la utilización del mangle para la construcción de techos y casas de comunidades que viven en interacción con ellos, territorios que dotan de un sentido de pertinencia cultural. Además, son territorios con una diversidad biológica que fundamenta las zonas marino-costeras, áreas que, por su composición, son barreras vivas que sirven como defensa ante fenómenos hidrometeorológicos, como la erosión eólica y del oleaje.

A pesar de los beneficios y servicios que brindan, los manglares se enfrentan a grandes amenazas, como la industria camaronera; el avance de monocultivos, como la palma africana y la caña de azúcar, las salineras, explotación minera en las playas, proyectos urbanísticos y ecoturismo irresponsable, la sobreexplotación pesquera y la deforestación. El Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap) realiza acciones y estrategias para la conservación de los bosques de mangle, que permitan mejorar la interacción para el uso y acceso de sus recursos sosteniblemente, así como su recuperación y restauración. Además, el involucramiento del gobierno local, iniciativa privada, comunidades y de otras instituciones que apoyan la conservación del ecosistema manglar. Al conservar y recuperar el ecosistema manglar estamos garantizando la supervivencia de la vida silvestre y de las comunidades locales, logrando un equilibrio entre el medioambiente y el ser humano, adoptando las medidas necesarias para garantizar su conservación, recuperación y uso sostenible.

Elder Figueroa