Críticas, pero con propuestas

Criticar y destruir sin proponer ni construir, podría incubar el estatus quo.

Somos una sociedad que cada vez se vuelve más conflictiva, polarizada y fuertemente inclinada a la crítica malsana o destructiva. Nada nos parece. Lo que es blanco lo vemos o lo hacemos negro. Cuando nos conviene sufrimos de ceguera y sordera selectivas. El sí por antonomasia es no y viceversa. Las propuestas si no son nuestras carecen de sustento y si alguien tiene una idea o posible solución sobre algún asunto o problema que nos aqueja como personas, comunidades, equipo de trabajo o como sociedad, etcétera, automáticamente son descalificadas, sin siquiera detenernos a pensar en su viabilidad.

Ciertamente, no se puede quedar bien con todos, empero debe buscarse el beneficio y el bien común, no lo cree estimado lector. De hecho, criticar y destruir sin proponer ni construir, podría incubar el estatus quo, es decir, condenarnos a repetir y a mantener la situación en un círculo vicioso, pues no somos capaces de plantear propuestas que generen soluciones concretas para las dificultades que constantemente criticamos. Me parece desafortunada la poca tolerancia que manifestamos hacia los planteamientos que formulan otras personas, pues la inmediata exclusión de estas no permite sugerir o replantear el pensamiento.

No hay que perder de vista que las críticas sean buenas o malas son algo a lo que estamos expuestos consecutivamente, en cualquier momento y lugar, al igual que las recibimos las devolvemos. Sin embargo, la crítica destructiva regularmente la utiliza gente escudada en el anonimato y las redes sociales son el vivo ejemplo de esa clase de ataques que se producen a espaldas del o los afectados, pues lo que buscan es desacreditar, desinformar, insultar y, sobre todo, confundir; no aporta nada positivo porque su esencia es dañar sin importar las consecuencias que pueda acarrearle al o a los agraviados. Dice un viejo proverbio que “lo que más daño hace al cuerpo no es lo que entra por la boca, sino lo que del corazón sale”. Por ello, debemos enterarnos de los temas que se tratan y que como ciudadanos nos conciernen para no caer en las redes de personas que se dedican a señalar y criticar sin fundamento, con la intención de generar inestabilidad y confusión.

En tal sentido, debemos darle la oportunidad a quienes presentan un plan o un programa de acción para contribuir con la problemática que nos afecta, el beneficio de la duda sobre su efectividad y aguardar a la correspondiente medición de resultados, sean estos positivos o negativos, para que podamos criticar constructivamente y contribuir con nuestro aporte a crear una nueva propuesta o reforzar la anterior. No caigamos en ser parte de la gente que descalifica sin conocer el contexto de lo que se critica, debemos ser analíticos y propositivos para buscar los puntos de convergencia que fortalezcan el accionar de quienes proponen y de las instituciones. Guatemala, necesita de ciudadanos genuinamente comprometidos y con capacidad de respuesta, para brindar soluciones y criticar, pero con propuestas. No seamos como la noria que gira en el mismo punto.

Fernando Lucero