Este Viernes Santo, miles de fieles acompañarán al Cristo Yacente de la Parroquia San Nicolás en su procesión anual, una de las expresiones de fe más arraigadas en Quetzaltenango.
La imagen saldrá de su templo colonial ubicado en la 5ª calle 1465, zona 1, para realizar un emotivo recorrido por las calles del centro histórico, pasando por el Parque Central y la Catedral, antes de regresar a su sede parroquial.Según el itinerario oficial difundido por la parroquia, el cortejo procesional transitará por las 4ª, 3ª, 2ª y 1ª calles, la C.A., nuevamente la 2ª y 1ª calles, las 5ª, 6ª, 7ª y 8ª calles, así como las avenidas 11, 15 y 13, permitiendo que los devotos de toda la región rindan homenaje al Señor Sepultado en un trayecto que une tradición y fervor popular.
Es la única imagen consagrada de Señor Sepultado en Quetzaltenango y una de las devociones más significativas de la Ciudad Altense. La ceremonia se celebró en 1992.
La imagen llegó en 1892 al histórico templo colonial de San Nicolás, resguardada en una antigua urna de bronce de origen francés.
Su adquisición se remonta a 1891, cuando las hermanas Luisa y Viviana Hurtado viajaron a la capital con el propósito de encargar la hechura de un Cristo yacente, ante la necesidad de la feligresía de contar con una escultura de este título.
Aunque oficialmente se considera una obra de finales del siglo XIX y de autor desconocido, algunos especialistas sostienen que podría ser mucho más antigua, posiblemente de los siglos XVII o XVIII.
Sus rasgos estilísticos no corresponden plenamente a la escuela guatemalteca, sino que evocan influencias del barroco italiano o alemán.
Una anécdota que demuestra el amor del pueblo quetzalteco sucedió cuando Viviana avisó que ya tenía la escultura. Llegada la noticia a esas tierras, cientos de personas se ofrecieron libremente a traerla en hombros.
Salió en procesión por primera vez en 1893, y en 1895 estrenó ornamentos y vestimenta. Ha sido protegida por diversas urnas a lo largo de su historia, tanto dentro de su recinto parroquial como encima de las andas.
Esta procesión no solo revive una tradición centenaria, sino que fortalece los lazos de la comunidad alteña alrededor de su patrimonio religioso más querido.











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