Ana Castañeda
Directora General de las Artes, Ministerio de Cultura y Deportes
Aocastanedaa
@mcd.gob.gt,
En medio de las festividades de fin de año, los colores, las texturas, los sonidos, sabores y olores se manifiestan de una u otra manera en la mayoría de los hogares guatemaltecos, porque, ciertamente, el peso cultural sensibiliza y genera espíritu colectivo para la búsqueda de paz y restauración o fomento del amor. Kairós y Cronos convergen como estados de tiempo generando efectos de humanización que, a su vez, propician enfoques emocionales de concordia, cordialidad, afecto, amabilidad y armonía. No obstante, estas manifestaciones emocionales se encauzan hacia lo material a través de compartir u obsequiar presentes o calidad del tiempo. Otro factor importante, del que se ha comentado en alguno de los pasados artículos, refiere la necesidad de la manifestación creativa en el contexto tribal, debido a que la creatividad y el ingenio obedecen a razones sociales y no propiamente a aquellas de sobrevivencia. Es decir, el hombre como especie requiere de identidad y reconocimiento de su tribu, de su entorno social, adoptando comportamientos específicos de esa cultura en particular y, por ello, realiza mecanismos de permanencia a través de recompensas al resto de los miembros de la tribu. De modo que, en la convivencia social, puede sugerir el intercambio de presentes, atenciones u obsequios.
En este contexto, se contabiliza la existencia de dos motivos fundamentales para el desarrollo creativo bajo propósitos emocionales. Un ejemplo claro se encuentra al observar a un infante en los primeros años, quien, en la búsqueda de gratitud, consternación o congraciamiento para ese ser de quien estableció un vínculo, obsequia o realiza alguna acción que va de acuerdo a sus posibilidades y recursos. Estos obsequios pueden incluir dibujos, una porción de golosinas, alguna pertenencia del infante o tal vez un gesto o acto amable como otorgar un beso, un abrazo o hasta una función artística. El caso de las culturas guatemaltecas constituye el vivo ejemplo cuando se trata de celebraciones o festividades. Durante los últimos meses de cada año, muchas cocinas guatemaltecas aromatizan sus hogares con olores que van desde la gama dulce hasta aquellos oleosos o amaderados que emanan de la preparación de fiambres, dulces de ayote, tamales, pasteles, horneados de pavo, jamón, pierna o gallina, ponche de frutas o de huevo, entre otra infinidad de posibilidades. Adicionalmente, se encuentra derroche de talento en las posadas navideñas, la elaboración de los nacimientos, decoraciones de árboles y ambientes para compartir, así como mensajes de buena voluntad.
El hombre como especie requiere de identidad y reconocimiento de su tribu.
La luz, el color, el calor del hogar han sido previamente diseñados por cada familia con la intención de compartir; el ser humano busca la belleza en el esteticismo del entorno y contexto para dar una parte de sí mismo a quienes le rodean. Y buscará, hará un esfuerzo extra para dar cumplimiento a su naturaleza emocional, dar y encontrar amor y lograr un estado de felicidad. Cierro este artículo deseando ¡Feliz año 2026!, mágicas, coloridas y artísticas fiestas y que la armonía y la paz constituyan tradiciones que alberguen los hogares de esta tribu majestuosa llamada Guatemala.











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