Costa Rica

Recientemente visité Costa Rica. Acompañaba al poeta Matheus Kar, quien realizó varios recitales y participó en la Feria Internacional del Libro. Hacía mucho tiempo que no visitaba aquel maravilloso país. Y como hace cuarenta años, cuando llegué por primera vez, coincidentemente a un evento de poesía, tuve la sensación de estar en una esquina civilizada del mundo.

Costa Rica, la llamada Suiza de América, hace honor a su nombre. Aún con sus problemas propios de un país que alberga a cinco millones de ciudadanos, sujeto a las presiones que genera la sociedad mundial y la interna, especialmente aquellos de orden social y económico, este hermano centroamericano goza de estabilidad política y de condiciones de vida de sus habitantes.

Los números no fallan, y las acciones políticas tomadas en su momento por estadistas que han dado continuidad a la gran decisión asumida aquel 1 de diciembre de 1948 por la Junta Fundadora de la Segunda República, cuyo presidente fue el recordado José (Pepe) Figueres Ferrer, de suprimir el Ejército y conformar una fuerza policial capaz de hacerse cargo de la seguridad pública, han rendido sus frutos.

Desde aquella fecha histórica, este país centroamericano ha tenido un crecimiento sostenido en muchos aspectos: economía, vivienda, salud, educación y cultura. En educación, por ejemplo, Costa Rica destina el 8 % del PIB, en tanto que Guatemala, apenas el 2.9 %. La Unesco recomienda que la inversión debe ser al menos del 7 %. En aquel país existen 53 universidades que atienden las necesidades educativas que genera una población de 5 millones de habitantes. En Guatemala existen 14 universidades privadas y una estatal, para atender los requerimientos de una población de 17 millones de ciudadanos.

Pero, además, Costa Rica también enfrenta menos problemas de violencia y, asústese usted, ¡no hay maras! Los murales que existen en la vía pública son pintados por artistas y no son signos de protesta suburbana. Existen museos suficientes de diversa índole y otros centros culturales, libros e intelectuales por doquier, lo cual es un signo inequívoco de que la gente tiene la posibilidad de satisfacer sus necesidades de alto nivel: las de autorrealización.

En Costa Rica se encuentran poetas hasta por debajo de las piedras. Nos dimos cuenta en los lugares bohemios que visitamos; y se congregan para leer poesía, comentar literatura de diverso cuño y, por supuesto, degustar algunas “birras bien frías”, al calor de largas y amistosas conversaciones. En la Feria del Libro hubo abundante poesía y poetas ofreciendo sus obras.

Nos dio gusto saludar a muchos intelectuales y artistas, especialmente al doctor Américo Ochoa, salvadoreño asimilado costarricense desde hace muchos años; al fino poeta guatemalteco Daniel Matul, al poeta Adriano Corrales Arias y a nuestro amigo desde hace tiempo, Marco Tulio Araya y su esposa, quien coordinó nuestro viaje a aquel hermoso país de América.

Carlos Interiano