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Conflictividad de la libertad (III)

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Dr. Jorge Ortega G.

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El ejército republicano, disminuido a 800 hombres mal equipados y con pocas municiones y en total indisciplina, se movió al pueblo de San Pablo para luego trasladarse a Olocuilta, donde la Junta Gubernativa Militar dio el mando de la fuerza al coronel graduado Rafael Castillo, en sustitución de don José Cañas. Su primer movimiento fue vadear el río Lempa y llegaron a Gualcince, donde debido al estado deplorable de las tropas firmaron la capitulación, el 21 de febrero, con lo que se dio por terminada la guerra que dejaba sometido el imperio de Iturbide a El Salvador. 

El fin del imperio de Iturbide no era algo que desconociera Filísola en el proceso de sometimiento del El Salvador, debido a que el 2 de diciembre el general Antonio López de Santa Ana en la Veracruz había desconocido la autoridad del imperio, proclamando un sistema republicano. A él se unieron varios líderes militares en el sur, que secundaban su desconocimiento al imperio de Agustín I.

Filísola guardó la esperanza de que los republicanos mantuvieran el proyecto estratégico de una Centroamérica unida y que conformaran parte de los Estados Unidos mexicanos, por lo cual rechazó la invitación de los generales a unirse a la causa, quedando de facto en el poder. Los acontecimientos de esa época de incertidumbre y convulsa lo obliga a redactar el Decreto del 23 de febrero de 1823, calcado del Acta de Independencia. 

Las guerras fratricidas agotaron los erarios, profundizaron los odios ideológicos y creció el sentimiento separatista de los Estados federados. 

Pronto se iniciaron los trabajos para la elección de diputados para conformar el Congreso General de las Provincias Unidas de Centro América, el 24 de junio quedó instalado con el nombre de Asamblea Nacional Constituyente, que de entrada anuló el Decreto del 5 de enero de 1822 (Anexión a México) y redactó el Decreto del 1º. de julio de 1823 sobre la verdadera emancipación de América Central. Los políticos se dividieron en dos bancadas con los nombres de Fiebres o Anarquistas y el de Serviles o Aristócratas, que dispusieron practicar las primeras elecciones para las nuevas autoridades de las Provincias Unidas. El general Filísola no logra los votos para ocupar el puesto de supremo jefe político de la Federación y es nombrado únicamente jefe político de Guatemala, por lo cual renuncia y vuelve a México. 

Las nuevas autoridades vencieron cuanto obstáculo administrativo, económico y político se les interponía para el repliegue a territorio mexicano de la Columna Auxiliadora, la cual salió del territorio nacional el 3 de agosto de 1823, a un costo para el erario nacional de 8 mil pesos.

Luego de este suceso, se inician las guerras fratricidas en 1823 debido a la opción política de gobernar a Centro América a través de una federación, por lo cual se establece el Congreso centroamericano y se redacta la Constitución Federal de 1824, con algunas falencias que a la larga fueron las aceleradoras de su fracaso político y administrativo: no asignar un distrito federal independiente de los gobiernos provinciales como asiento oficial de las autoridades supraestatales y no se estructuró un ejército federal como órgano de estabilidad y concordia capaz de evitar un movimiento separatista entre Estados. 

La Constitución Federal autorizó la creación de 2 mil plazas para el ejército federal con la intención de que no interviniera en asuntos internos de los Estados, pero, no existía limitación para el reclutamiento de los ejércitos de las provincias, lo cual provocó que existieran cinco ejércitos cada vez más sólidos en su dispositivo, composición y fuerza, circunstancia que permitió las guerras entre vecinos, a lo cual le era imposible al ejercito federal imponer la paz en el Istmo centroamericano. 

Las guerras fratricidas agotaron los erarios, profundizaron los odios ideológicos y creció el sentimiento separatista de los Estados federados. 

Colaborador DCA
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COLUMNAS

1944-1954

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Juan Everardo Chuc Xum

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Ninguna sociedad o pueblo es estática todas son dinámicas. En las sabias enseñanzas del Pop o Popol Wuj nos indica que el ensayo y error es necesario y de allí que hubo cuatro intentos para la formación-creación del ser humano hasta llegar a la humanidad de maíz. Hace 77 años Guatemala vivió una gesta revolucionaria para salir de una crisis política que no permitía una vida feliz o al menos contentos sus habitantes. Sin duda, los logros políticos son históricos; por ejemplo: la fundación de las escuelas tipo federación, el IGSS, el Código de Trabajo, la autonomía universitaria,  municipal y del deporte, entre otras, que han significado avances en el proceso transformador del país. Aunque, la revolución no escapó de los prejuicios coloniales hacia los pueblos indígenas, ya que la política de tutelaje y de integración del indígena a la ¿modernidad? continuó. 

Unidad nacional entre la diversidad cultural sea el centro de la nueva política de nuestra amada Guatemala. 

Innegable y valorable el Decreto 900, Ley de Reforma Agraria, artículo 2 que fijó: “Quedan abolidas todas las formas de servidumbre y esclavitud y por consiguiente prohibidas las prestaciones personales gratuitas de los campesinos, mozos colonos y trabajadores agrícolas, el pago en trabajo del arrendamiento de la tierra y los repartimientos de indígenas, cualquiera que sea la forma en que subsistan”, artículo que mitigó de alguna manera el trato inhumano que sufrían nuestros antepasados y la posibilidad de recuperar tierras los indígenas. Esos diez años de revolución tenían como política principal el ser humano y la democracia,  aun cuando se propiciaba el rompimiento de las propias formas de vida de los pueblos indígenas. 

La revolución y sus debilidades marcó sin discusión alguna una metamorfosis favorable para Guatemala y que ahora mismo los guatemaltecos de ciudadanía y con identidades culturales diferenciadas añoramos, pero de igual manera trabajamos para la construcción de un mejor país, en donde las relaciones sociales sean más armónicas, las políticas públicas más congruentes a la composición social, en donde el respeto y la promoción de los más excluidos como los pueblos indígenas sean una realidad y que la unidad nacional entre la diversidad cultural sea el centro de la nueva política de nuestra amada Guatemala.
Xa utzil qa tiko pa Siwan Tinamit

Colaborador DCA
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El águila, signo real en la heráldica y en el tetramorfos (II)

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Ricardo Fernández Gracia, 

Director de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Así, sabemos que Sancho el Mayor y sus descendientes utilizaron distintas variantes en forma de cruz. El reinado de García Ramírez el Restaurador (1134-1150) coincidió con unos momentos de difusión en España de los emblemas heráldicos. Como es sabido, aquel rey estuvo casado con Margarita l´Aigle (“el Águila”), cuya familia había empezado a utilizar el águila como signo transmisible a los herederos, de acuerdo con los usos del naciente sistema heráldico.

El hijo de ambos, Sancho VI el Sabio aún recurrió al tradicional diseño cruciforme como su signo personal pero, el hijo de este último y nieto de García y Margarita, Sancho VII el Fuerte, prefirió suscribir sus documentos con un águila con las alas y las garras desplegadas, que lo había utilizado su abuela. El águila de Sancho el Fuerte la encontramos en señero ejemplo en una clave del monasterio de La Oliva, en clara alusión al patrocinio del rey sobre las obras del templo abacial. 

El águila negra, explayada en la totalidad del campo, figura en numerosos escudos heráldicos de pueblos de Navarra, como Aguilar de Codés, Bacaicoa, Ciordia, Ezcabarte, Iturmendi, Olazagutía, Urdiain y Villafranca. Es motivo que también aparece en los cuarteles de los de Alsasua, Araiz, Eslava, Ezcabarte, Gallipienzo, Lanz y Valtierra.

El emblema municipal de Corella se conforma con un águila en actitud de atrapar a un conejo que corre, algo que Faustino Menéndez Pidal puso en posible relación con la familia del conde Rotrou y la mencionada Margarita, prima de Alfonso el batallador y mujer de García Ramírez.  En el Libro de Armería del Reino de Navarra figura en todo el campo del escudo o en uno de sus cuarteles y con distintos colores, como blasón de los señores de Cascante y Aguilar en 1275, Domezain, Ezcurra, Ijurieta, Sarasa… etc.

El águila negra, explayada en la totalidad del campo, figura en numerosos escudos heráldicos de pueblos de Navarra.

En relación con la heráldica, no podemos olvidar, en tiempos más modernos, la presencia de la doble águila en escudos de la monarquía hispánica, en distintos lugares de Navarra como por ejemplo los del palacio real de Pamplona (hoy Archivo General de Navarra), o en la muralla de Viana. Como es sabido, el águila bicéfala se convirtió desde el siglo XVI en emblema de los Habsburgo, significando la unión de la monarquía hispánica y el imperio.

Los textos medievales insistieron en algunos de los aspectos que hemos señalado anteriormente. Tanto en los bestiarios, como en la literatura de aquel mismo período, gozó de amplio prestigio. 

Así, El Fisiólogo, muy popular por su fin moralizante, recoge varias leyendas sobre el ave: al envejecer cura y renueva sus ojos nebulosos y sus alas cansadas volando hacia el sol y sumergiéndose tres veces en una fuente. La misma fuente literaria refiere la agudeza de su vista y la renovación de su pico, que lo rompe contra una piedra cuando no podía comer. 

La interpretación de sus representaciones en el patrimonio medieval navarro, como en el europeo, no deja de ser controvertida, ya que se ha polemizado mucho sobre otorgarles un contenido simbólico o considerarlas como motivos decorativos y formales. 

Los estudios de referencia ponen de manifiesto que poseían, tanto el águila como otros animales e iconografías profanas, en el contexto medieval, un claro contenido religioso y didáctico, ya que, en la mentalidad del momento, en su espíritu y creencias, existía una equivalencia y conjunción entre lo sacro y lo profano. 

Continuará…

Universidad de Navarra
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Octubre, tiempo para organizarnos

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Marlon Leonel García Estrada

Marlon Leonel García Estrada

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Sabías que, según los datos del INE, en Guatemala cohabitan 6 041 838 personas entre 13 y 30 años de edad, el 49.9 por ciento mujeres y el 50.1 por ciento hombres, lo que nos confirma que la adolescencia y juventud son los agentes de cambio en sus comunidades y en el país; es por esto la importancia de la organización comunitaria.  

La organización comunitaria juvenil es un proceso de desarrollo y aglutinamiento de jóvenes que promueven acciones para el desarrollo de sus comunidades: dichas acciones pueden ser formativas, de capacitación o bien de articulación y alianza por el bienestar de la población. 

Entre los espacios que tiene la juventud guatemalteca están los consejos comunitarios de desarrollo, las organizaciones juveniles, los comités únicos de barrio y las oficinas municipales de Juventud, entre otros espacios que, aunque por sus formas y mecanismos de participación algunos son más fáciles que otros para su incorporación, son espacios que tienen como objetivo promover el desarrollo económico, social y cultural de las comunidades, así como la intermediación entre la población para la resolución de conflictos, un aspecto importante en la actualidad. 

La organización siempre será la herramienta para el desarrollo de los pueblos. 

También es importante mencionar que el país cuenta con un marco normativo importante que respalda los mecanismos de organización juvenil; entre ellos, la Constitución Política de la República de Guatemala, las leyes de descentralización y el Código Municipal. 

Es por ello que las y los jóvenes pueden promover diversos proyectos juveniles, los cuales pueden ser deportivos, sociales, formativos, de incidencia política, de emprendimiento y de desarrollo económico, entre otros, que principalmente ubiquen a la juventud como parte del cambio y transformación de su realidad. 

Asimismo, el involucramiento de la juventud trae consigo diversas ventajas; entre ellas, conocer a otros jóvenes e intercambiar puntos de vista de sus realidades y principalmente mostrar el potencial que cada joven tiene y lo que aporta a la sociedad guatemalteca.  

Desde Conjuve valoramos el trabajo de las organizaciones juveniles y reconocemos todos sus aportes en el fortalecimiento de la Política Nacional de la Juventud. ¿Qué esperamos para organizarnos?

Colaborador DCA
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Gobierno de Guatemala

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