Seguramente, fue en una madrugada de 2001 que lo vi en MTV. El video estaba dirigido por una de mis realizadoras favoritas: Floria Sigismondi. La cinematografía me atrapó, como también lo hizo el ritmo de la canción y la voz tan peculiar del vocalista. Recuerdo que pensé en Ian Curtis, de Joy Division. En mi cabeza quedó rondando el intrigante título del tema, Obstacle No.1, y, no se diga, el nombre de la banda, Interpol.
18 años después, con M tomábamos el Uber que nos llevaría al Bill Graham Auditorium, en la 99 y Grove Street de San Francisco. Íbamos temprano y confieso que estaba ansioso, pero trataba de no aparentarlo. Sin embargo, se hizo evidente cuando vi la marquesina del lugar con el nombre “Interpol”en ella. Esos años de larga espera a que todo coincidiera en el tiempo perfecto, vinieron como un camión a toda velocidad sobre mí.
Con nuestros boletos en mano, esperábamos el típico desorden de los conciertos en este país y nos apresuramos a llegar a la fila . Aunque en realidad esta no existía: las puertas ya estaban abiertas y la gente entraba con calma. En mi cabeza me decía que lo había logrado. A muchos lugareños seguramente les parecería imposible que a alguien le haya tomado tanto tiempo poder ir a ver a una de sus bandas favoritas pero, como digo, así sucede a veces. Y la verdad es que ya no peleo con eso.
A las 19:30, las luces se apagaron y los reflectores rojos iluminaron el escenario. Finalmente, teníamos frente a nuestras narices a Paul Banks y al resto de la banda. Impecablemente vestidos de negro, gafas oscuras y con guitarras listas para retumbar, abrieron con Untitled. Luego llegóC’mere y para mí era difícil separar la realidad de los miles de videos que había visto durante tantos años. Aunque, otra parte de mí decía “Está pasando y deberías sentirte afortunado”.
En el momento que la canción If You Really Love Nothing sonó, estallé de alegría. Fue como bajar la Cuesta de las Cañas sin frenos. El éxtasis de la noche fue cuando Daniel Kessler tomó su guitarra y empezó a tocar los acordes de Obstacle No.1. Mis gritos se perdían en el recinto, junto a los alaridos de los otros presentes que cantaban ese último tema a todo pulmón. Todo pasaba en cámara lenta, no quería que terminara. Quería aferrarme a esos raros instantes de felicidad que a veces suceden.
Continuará…
Para escuchar: Obstacle No.1, Evil y Slow Hands.











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