Gabriela Montenegro Bethancourt, MSc, PhD
Secretaria Nacional de Ciencia y Tecnología
El sueño de la señora vicepresidenta de Guatemala, Dra. Karin Herrera, siempre ha sido impulsar actividades que contribuyan a reducir el rezago científico y las brechas de acceso a la ciencia en el país. Su visión ha sido clara: acercar la ciencia a la niñez y juventudes, especialmente a aquellos que han tenido menos oportunidades de acceder a ella.
Como secretaria nacional de Ciencia y Tecnología, he compartido esta visión desde el inicio. Mi mayor ilusión era ver a niños y niñas explorando, siguiendo el método científico, experimentando, resolviendo problemas y cuestionando su entorno. Con esta inspiración, a finales del año pasado emprendimos esta aventura con los Clubes de Ciencias, un proyecto que nació con pocos recursos, pero con la firme convicción de que podíamos lograrlo gracias al voluntariado de quienes desean compartir su conocimiento.
La realidad educativa en Guatemala es compleja: el acceso a la educación sigue siendo un privilegio para muchos, y en el año 2025, menos del 3 por ciento de la población logra acceder a la educación superior, siendo aún más limitado si se es mujer o indígena. Esta situación motiva aún más nuestro compromiso con los Clubes de Ciencias, que buscan brindar un espacio inclusivo para que más niños y niñas descubran el mundo científico.
Con esta inspiración, a finales del año pasado emprendimos esta aventura con los Clubes de Ciencias, un proyecto que nació con pocos recursos, pero con la firme convicción de que podíamos lograrlo gracias al voluntariado de quienes desean compartir su conocimiento.
Lo más gratificante ha sido ver el creciente apoyo de la comunidad científica, tanto de quienes están en el país como la diáspora científica, que se han unido al proyecto como padrinos y mentores. Su labor es fundamental para inspirar a los participantes y motivarlos a seguir aprendiendo. Nuestros enlaces en los territorios también son clave, ya que mantienen el vínculo entre las comunidades, garantizando así su continuidad.
Aunque el camino por recorrer aún es largo, hemos comenzado a ver resultados alentadores. Algunos niños ya piensan en ferias científicas, mientras que otros han tenido su primer contacto con la ciencia cotidiana gracias al apoyo de nuestros padrinos. Esto demuestra que el esfuerzo colectivo puede marcar una diferencia real en las vidas de las nuevas generaciones.
La niñez y la juventud guatemalteca necesitan de nuestro compromiso y pasión. Es fundamental que la motivación que impulsamos en nuestras investigaciones trascienda generaciones. Por eso, hago un llamado a mis colegas científicos y científicas para que se sumen a este sueño compartido y contribuyan a sembrar la pasión por la ciencia a través de esta iniciativa











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