Unidad de Comunicación y Relaciones Públicas CONADI, Guatemala.
Las fiestas de fin de año son sinónimo de colores vibrantes, luces deslumbrantes y sonidos festivos. Para muchos, estas celebraciones son una oportunidad de alegría y unión, pero no todos las disfrutan de la misma manera. Las personas con discapacidad intelectual u otros trastornos del neurodesarrollo, por ejemplo, pueden verse agobiadas por la intensidad de estos estímulos visuales y auditivos.
Sin embargo, con los cuidados adecuados y un enfoque inclusivo, también pueden participar y disfrutar de estas festividades. Según la psicóloga clínica educativa Carolina Guzmán, del Centro de Atención para el Desarrollo Integral de las Personas con Discapacidad (CADI), es fundamental que estas personas tengan la oportunidad de decidir en qué actividades quieren involucrarse y cómo hacerlo, siempre bajo la supervisión de un adulto responsable.
Un enfoque esencial es el de celebrar desde las capacidades de cada individuo.
Las actividades sensoriales suelen ser las más adecuadas y disfrutables para las personas con discapacidad. Elementos como los aromas y las degustaciones típicas de la temporada, además de ser agradables, les permiten familiarizarse con el entorno. Participar en la decoración navideña, por ejemplo, brinda una oportunidad para explorar texturas y colores, fomentando la conexión con el ambiente festivo.
En cuanto a los juegos pirotécnicos, estos deben manejarse con precaución para todas las personas, pero especialmente para aquellas con discapacidad. Guzmán sugiere preparar previamente a quienes participen, usando objetos que permitan manipularlos de forma segura y a distancia. Además, describe cómo una narración detallada puede ser inclusiva para personas con discapacidad visual, quienes, gracias a su agudeza auditiva, pueden disfrutar de los sonidos y percibir la magnitud de las explosiones.
Un enfoque esencial es el de celebrar desde las capacidades de cada individuo. Mantener rutinas y horarios establecidos ayuda a reducir el estrés que pueden generar las actividades propias de esta época. Tener reguladores de emoción, como juguetes o alimentos, a la mano es otra estrategia útil para garantizar que las personas con discapacidad se sientan tranquilas, ya sea en eventos concurridos o durante largos trayectos en el tráfico.
Para Guzmán, la clave está en el apoyo familiar. Delegar tareas específicas y adaptadas a las capacidades de cada integrante de la familia fomenta un ambiente en el que todos pueden disfrutar de manera grata, segura y saludable.











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