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Californication: a 20 años de la resurrección

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Sacado de la tumba, apenas moviendo la piedra, el guitarrista John Frusciante salía vivo de una adicción a la heroína. Un programa de música de una televisora de Holanda lo encontró como un estropajo, en un cuarto. 

Frusciante había perdido su casa en un incendio. Tenía solo los dientes suficientes para recibir a la muerte con una sonrisa. Al enterarse de su desgracia, el vocalista Anthony Kiedis le regaló una guitarra para que terminara su segundo disco en solitario, pero John estaba a punto de perder su espíritu. Los brazos los tenía llenos de llagas provocadas por inyecciones mal colocadas.

Fue Flea, el bajista, quien le preguntó: “¿Quieres regresar con nosotros?”. John solo pudo llorar de la alegría. Después de la rehabilitación, la nueva dentadura y varios injertos de piel en los brazos, Frusciante estaba listo y como si nunca se hubiera ido de los Red Hot Chili Peppers.

El enorme guitarrista Dave Navarro fue despedido, por algo tan fundamental como la falta de química.  Al conocer el retorno de John y el despido de Dave, el legendario productor Rick Rubin solo dijo: “Traigan a Chad (Smith) ahora”.   

Los Peppers de nuevo se encerraron a grabar, enfocados e indestructibles. Californication es catarsis, confesiones entre el delirio de adicciones, pérdidas y luchas, acompañadas de funk y punk, embotelladas en el mejor rock para despedir el siglo XX.

En Around The World, la primera del disco, se aprecia ese estallido de funk. Parallel Universe es óptimo para escuchar en una carretera. Scar Tissue es conmovedora. Son las cicatrices que quisiera que vieras. Con las aves comparto esta vista solitaria. Kiedis describe la agonía y, con sus amigos, presencia el atardecer del día del juicio. En el video la banda está simbolizada en el carro, lo único que los mueve y los anima a seguir.

Otherside es la más pegajosa. Su rapeo, coros e instrumentación la convierten en irresistible, y Get On Top es funk puro. Californication es el culto a la venta del alma por unos cuantos dólares. Una despedida a todo lo que se perdió, la sátira de lo trágico. Aquellas figuras vitales del rock que se fueron y se irán. La falsedad de lo real. Simplemente conmovedora.

Easily habla sobre dejar al amado, luego de ser correspondido, y Porcelain es acerca de una madre que pierde todo por sus adicciones: “Do you smell like a girl when you smile?” Es una balada que te deja helado por su ternura. 

Emit Remmus y I Like Dirt son divertidas y sarcásticas. The Velvet Glove es sobre segundas oportunidades, las necesarias y las que valen la pena. Savior refueza esa mística, un retorno como ave Fénix. Es el reconocimiento y el perdón. Purple Stain es otra receta funketa con líricas pegajosas. Lo mismo sucede con Right on Time.

Road Trippin’ es simple y poderosa. Frusciante nos conquista con un arpegio ensoñador, que nos deja sin respiración. La orquestación hace que te dejes llevar. Habla de navegar en el azul intenso del Pacífico, luego de una intensa tormenta, y es para cantarla mil veces. 

Hacían mucha falta los Peppers para el final de la década de los 90. Los 80 y, en sí, los 90, fueron tormentosos para cada uno de los integrantes. Californication irrumpió en el escenario y preparó a todos para la catarata de discos aclamados que el grupo presentaría en los siguientes 10 años. Pocas bandas se recuperaron de sus adicciones, y para Kiedis, Flea, Frusciante y Smith aquello fue un testimonio de las segundas oportunidades. El álbum sigue explosivo.

Allan Martínez
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Juan Pablo Olyslager, en el epicentro de Temblores

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El segundo largometraje de Jayro Bustamante llega hoy a las salas de cine del país.

Las cortezas sociales se moverán abruptamente con la historia de amor y opresión que el director guatemalteco Jayro Bustamante plasma en Temblores, su segundo largometraje. La trama tiene su epicentro en Pablo, un esposo y padre que se debate entre su familia, su religión y Francisco, el hombre que ama. Con el actor Juan Pablo Olyslager conversamos acerca del personaje que encarna en el filme que se estrena hoy en las salas de cine del país. 

En la piel de Pablo

A Juan Pablo Olyslager, el guion de Temblores lo sacudió, y por ello no dudó en querer ser Pablo. Se entregó a la tarea y durante seis meses, junto al resto del elenco, aprendió a utilizar el método Stanislavski,
el cual describe como “duro y emocionalmente drenante”: “Tienes que vivir con el personaje todo el tiempo, llevártelo a casa y buscar las similitudes que tienen. La carga sentimental fue fuerte, pero al mismo tiempo gratificante”.

Olyslager afirma que darle vida a un hombre homosexual en Guatemala fue posible, gracias al espacio seguro que encontró en los ensayos. “La ausencia de juicio generó un ambiente inclusivo en el que aprendí más de Pablo. Creamos un diálogo en el que Jayro y los actores intervenían, cuando pensaban que mi personaje no tomaba el rumbo necesario para las distintas escenas” comenta el intérprete. 

Juan Pablo Olyslager fue premiado como mejor actor en el Outfest 2019 (Los Ángeles), por este papel.

El peso de las emociones

Las presiones familiares y religiosas mueven los cimientos de la felicidad del protagonista y le colocan sobre la espalda un peso que Olyslager debía transmitir en su mirada, su andar y sus palabras. El actor dice que sentimientos como la opresión y la mentira de ser alguien que no es le ayudaron a desarrollar su papel: “Sé lo que es extrañar a alguien, he perdido a mucha gente y usé esa emoción fuerte para la película”. 

Los sentimientos también lo llevaron a vivir con intensidad escenas en las que a Pablo le prohíben ciertas cosas por orden judicial o le imponen terapias “de corrección”, por su preferencia sexual: “Estas partes me tocaron muchísimo, pues son muy duras y reales. Uno pensaría, al hablar de los métodos de conversión, que son mentiras, pero pasan. Aquí y en todo el mundo”.

Generar diálogo

De acuerdo con Olyslager, su personaje refleja lo que mucha gente experimenta, no solo por su inclinación sexual, sino por su raza, género o religión. Al mirar el filme, comenta el actor, el público podrá crearse una opinión propia y ver que las personas que viven este tipo de marginaciones también son de carne y hueso.

Berta Abrego
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La debacle de Greta Van Fleet

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Se les acusa de plagio. Se les acusa de cosplay barato. Se les acusa de ser unos Led Zeppelin wannabes y de copiar lo mejor del rock clásico de los años 70. El rosario de quejas viene y va, y evidencia la miopía de los críticos, que siempre pedimos que nos den algo que sorprenda, conquiste y nos haga roquear fuerte. Si no cumple con eso, vilmente lo desechamos.

El prejuicio contra Greta Van Fleet, un grupo de Detroit, Míchigan, EE. UU., es grande. Pero todo cae como casa de naipes al escuchar: When The Courtain Falls, Age Of Man, You Are The One, Mountain In The Sun, Highway Tune y Safari Song. Tienen dos cover A Change Is Gonna Come, de Sam Cooke, y Rollin In The Deep, de Adele. Ambas suenan insolentes y coquetean con el soul.

El nombre de la banda proviene de su vecina, una señora que se llama Gretna van Fleet. Le quitaron la “n”, y ya. Eso solo comprueba el compromiso con esa idiosincracia setentera de título rimbombante y ridículo. Al revisar la formación nos damos cuenta de que se trata de tres hermanos veinteañeros de apellido Kiszka: los gemelos Josh (vocalista) y Jake (guitarra), y Sam (bajo), además de Danny Wagner (batería). Hasta la fecha han sacado dos álbumes From The Fires (2017) y Anthem Of The Peaceful Army (2018), y la crítica no ha sido gentil.

From The Fires se asemeja al Led Zeppelin I, y, si vamos a ser “abiertos”, este primer intento es un homenaje al grupo inglés. Pero, insisto, hay que ver más allá. Sobre todo en su segundo disco, que esconde más en sus bolsillos. Hay una colección de riffs y déjà vus a bandas de menor rango que embotellaron su sonido distintivo y que Greta Van Fleet compró de segunda mano. Por mencionar algunos, hay guiños a T. Rex, Grand Funk Railroad, Golden Earing, Sweet y Ram Jam. Entonces sucede que en la agrupación todo esto suena atomizado, rejuvenecido, nostálgico y con mucho polvo de atardecer en Woodstock.

Lo fundamental es que los chicos crean su propia voz y esta crecerá en el tercer material. Lo mismo pasó con Zeppelin en su momento. Los acusaban de ritmos facilones, lírica pobre, que básicamente eran gritos de (Robert) Plant, y extravagantes solos de guitarra de Jimmy Page. Tampoco se entendió el compás tardío de la batería de John Bohnam, y que hoy muchos bataqueros admiran por su estilo groovy.

Si le preguntan al vocalista de Led Zeppelin, él ya les dio su bendición, y afirma ser su fan no. 1, porque: “Me recuerdan a un joven y hermoso Plant; los odio”, dice mientras ríe. Yo creo que suena mucho Jack White, pero no le quitemos el sueño al señor Plant. Metallica también está embelesada con su sonido, tanto que para su gira sudamericana del 2020 será su banda telonera.

¿Qué nos queda a nosotros? Pues, por un lado, romper paradigmas mentales. Decimos que el mejor rock ya falleció, pero de pronto aparece una agrupación que nos recuerda tanto aquel sonido arrebatado de los 70. Excepto que escucharlo en una banda nueva nos parece ofensivo o un sacrilegio. Puede ser que el desencajo y la flagelación que causan se deba a que la juventud, el talento y el hambre con que todos nacemos nos fueron robadas por la vida. ¿Dónde estaba yo cuando tenía 20 años? y cosas por el estilo, lo cual es basura. Por otro lado podemos decir: ¡Gracias Greta Van Fleet!, y salvarnos.

Allan Martínez
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La Universidad Popular suma Gente de teatro

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En ocasión del 97 aniversario de la institución, cuatro nuevos retratos fueron develados en esta galería.

La Sala Manuel Galich de la Universidad Popular (UP), 10a. calle 10-32, zona 1, es hogar del arte dramático en Guatemala. Como tal, en sus paredes relucen los retratos de Gente de teatro. En ocasión de las celebraciones por el 97 aniversario de la institución, la noche del martes se sumaron a la galería los rostros de Roger Ovalle, Ana María Bravo, Elizabeth Muñoz y Jorge Ramírez.

Emociones puras

Con la entonación del himno de la UP, a cargo del coro de la institución, arrancó una ceremonia marcada por las emociones de los homenajeados. El primero en develar su fotografía fue Roger Ovalle, actor, director y escenógrafo, que cuenta con una carrera de 45 años sobre las tablas nacionales. En su breve discurso de aceptación, el guatemalteco mostró su alegría por recibir este reconocimiento rodeado de sus “dos familias”, la de sangre y la de teatro.

Como “maestra de maestras” introdujo el actor Luis Román a la segunda homenajeada de la noche, Ana María Bravo. La actriz, directora, guionista, productora y locutora, que ha labrado una trayectoria de 65 años sobre los escenarios, ha participado en montajes de la talla de El canasto del sastre, Un ángel en apuros y El mago de Oz. En cartelera actualmente tiene El Santo Hermano Pedro, que se presenta los fines de semana en el Teatro de Cámara Hugo Carrillo. 

El Coro de la UP interpretó Luna de Xelajú durante el intermedio.

La actriz Elizabeth Muñoz viajó expresamente desde Puebla, México, ciudad en la que reside, para develar su fotografía en Gente de teatro. La intérprete dijo sentirse “muy honrada” de poder ser parte de esta galería y de que su retrato esté junto a grandes del arte dramático. Asimismo, habló de la importancia de tener sueños y de no parar hasta conseguirlos. Muñoz ha participado en distintas puestas en escena en el país y también ha realizado giras por México.

Las carcajadas se adueñaron de la sala cuando Wilfredo González Palín presentó al último destacado de la noche, Jorge Ramírez, “el siervo de la comedia”. Antes de descubrir la fotografía del comediante, se repasaron piezas clave de un trabajo de tres décadas, como La epopeya de las indias españolas, El show de Cretina y El general no tiene quien lo inscriba. El cierre de la ceremonia estuvo a cargo de Mónica Sarmientos, quien dedicó a Ramírez la canción Te quiero, de Mario Benedetti. 

Priscilla León López
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Gobierno de Guatemala

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