Ignacio López-Goñi |
Catedrático de Microbiología
En muchos recién nacidos, especialmente durante los primeros meses, la leche materna constituye la principal –y a veces única– fuente de microorganismos intestinales. En ella predominan géneros bacterianos como Staphylococcus y Streptococcus, junto a otros como Lactobacillus, Bifidobacterium, Veillonella o Escherichia.
Un estudio reciente analizó muestras de leche materna y heces infantiles de 195 parejas madre-bebé en EE. UU. durante los seis primeros meses. Los resultados mostraron que tanto la leche como el intestino de los bebés de un mes estaban dominados por bifidobacterias, especialmente Bifidobacterium longum, Bifidobacterium breve y Bifidobacterium bifidum. También se detectaron en la leche bacterias asociadas a la piel materna, como Staphylococcus epidermidis y Cutibacterium acnes, y especies vinculadas a la cavidad oral, caso de Streptococcus salivarius.
La investigación identificó hasta 12 cepas bacterianas compartidas entre la leche materna y las heces del lactante.
En el intestino del bebé aparecían, además, otras bacterias como Escherichia coli, Bacteroides fragilis, Phocaeiola vulgatus y Phocaeiola dorei, junto a microorganismos típicos de la boca, como Veillonella.
La investigación identificó hasta 12 cepas bacterianas compartidas entre la leche y las heces. La especie más frecuente fue Bifidobacterium longum, seguida de Bifidobacterium infantis, Staphylococcus epidermidis, Bifidobacterium breve y Streptococcus salivarius. Los bebés alimentados exclusivamente con leche materna presentaban una mayor abundancia de bifidobacterias intestinales que aquellos que interrumpían la lactancia exclusiva antes de los seis meses, lo que sugiere que el amamantamiento prolongado favorece su persistencia y expansión.
No obstante, la presencia de estos microorganismos en la leche no garantiza por sí sola su implantación en el intestino del bebé. El intercambio de bacterias es más intenso durante el primer mes de vida y disminuye con el tiempo. Además, los niños nacidos por parto vaginal muestran una mayor persistencia de cepas compartidas que los nacidos por cesárea, cuyo microbioma intestinal tiende a ser más diverso pero menos estable.
Finalmente, también se observó que madre y bebé compartían bacterias típicamente orales, como Rothia mucilaginosa y Streptococcus salivarius. Esto sugiere que algunas especies podrían colonizar primero la cavidad oral del lactante antes de llegar al intestino.











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