Alice in Chains: entre la rudeza y la crudeza

El 4 de mayo, Alice in Chains, uno de los cuatro ases del grunge de Seattle, lanzó el sencillo The One You Kown, perteneciente al disco que planean sacar en los próximos meses y que aún no tiene nombre.

La banda continúa viva con ese tono heavy metal característico, que la llevó a ser de las más notorias a finales de los años 80 y principios de los 90. Y sí lo hace es por Jerry Cantrell, Mike Inez, Sean Kinny y el vocalista William DuVall, quien se convirtió en un gran reemplazo luego de la desaparición física del inmortal Lane Staley, fallecido en abril de 2002.

La muerte de Staley sigue sin olvidarse. La similar voz de  DuVall no alcanza para los nostálgicos, y son pocos los fanáticos que se atreven a escuchar lo nuevo de AIC. Esto, a pesar de que los dos últimos discos, Black Gives Way To Blue y The Devil Put Dinosaurs Here, tienen grandes pasajes musicales y una letra que apuesta por la observación y el reflejo humano sobre un rudo acorde metalero. La gente todavía está enganchada a sus primeros trabajos, en los que se sentía un hedor de sinfonía grunge cruda, que arropaba la decadente y deprimente condición humana.

Pocas bandas tienen esa extraña cualidad de aparecer en épocas distintas. Metallica, por ejemplo, tiene sus etapas 80, 90 y 00. Salen comentarios como: “El Metallica de los 80 no es el mío” o “Yo prefiero discos como Load y ReLoad”. Están los más puristas, que se casaron con el Metallica de los 80, y cuando escucharon el Death Magnetic regresaron a apoyarlos. Algo así sucede con AIC. Desde la muerte de Staley, el grupo quedó relegado a muy poco, y casi no importa que Cantrell, el cerebro, haya sacado a flote el proyecto.

Yo podría decir lo mismo acerca de cuál es mi AIC preferido, pero no se puede despreciar a un vocalista que fue tan talentoso como autodestructivo, y señalarlo de ser el culpable de la caída de la banda. “Solo somos humanos”, afirmaba RoboCop. Digo, podría enojarme por su muerte y no oír su trabajo o, algo peor, condenarlo al mismo tiempo que niego mi condición humana. Vaya hipocresía. Hacerlo con esa moralina es una tontera mayúscula. Tan bajo como dejar de escuchar Nirvana porque Kurt Cobain se suicidó. Mismo caso con Soundgarden, y muchos músicos y agrupaciones.

Les digo, AIC sigue tan importante y vigente en su presente como lo estuvo en su pasado. Se puede debatir entre sus mejores canciones y discos, pero nada le gana a cantarlas y roquear. Aunque es difícil aceptar este otro grupo (porque lo es), no significa olvidarlos o relegarlos.

Los pasajes instrumentales y su letra evolucionaron en sus últimos discos. Al ver sus conciertos en vivo es palpable la electricidad y emoción que esparcen todavía, a pesar de que han perdido a dos de sus integrantes (Staley y el bajista Mike Starr).

Con todo, se niegan a parar y morir. En cambio, emocionan con un sencillo y aceleran la ansiedad para oír inmediatamente el nuevo álbum, después de 5 años. Escuchen todos los discos y luego platicamos. Hay mucho de qué hablar.

Allan Martínez