Alejandro Balsells Conde
Nuestra historia jurídica política muestra patrones marcados de intolerancia hacia las ideas ajenas de quienes detentan el poder. Liberales y conservadores se repartieron el siglo XIX entre guerras, exilios, persecución y muerte; entramos al siglo XX de la mano de un sátrapa vestido de presidente y bajo el título de protector de la juventud estudiosa; luego 14 años de ubiquismo, una primavera democrática de 1944 a 1954 para volver a la intolerancia hasta 1985. Los últimos dos años de Jimmy Morales y los cuatro de Alejandro Giammattei fueron claros patrones de retorno a la intolerancia, persecución de ideas, exilios y cárcel bajo argumentos espurios. El sistema judicial permaneció bajo secuestro de una Corte Suprema de Justicia con prolongación ilegal de funciones y se mostró como servil órgano del poder.
La Constitución guatemalteca está frente al mayor ataque desde sus propios órganos de justicia y esto lo debemos evidenciar.
En este orden de ideas, la interferencia dolosa de la Corte de Constitucionalidad (CC) en la integración de la asamblea del Colegio de Abogados, al excluir a profesionales afines; la omisión, también dolosa del mismo tribunal para ejecutar sus resoluciones en torno a la integración del Consejo Superior Universitario de la Universidad de San Carlos de Guatemala y, por último, los variopintos criterios de la misma CC respecto del Congreso de la República, sin mencionar las ocurrencias en torno a sus amparos provisionales denotan un claro patrón para buscar la reelección de los mismos magistrados. La Constitución guatemalteca está frente al mayor ataque desde sus propios órganos de justicia y esto lo debemos evidenciar, porque la justicia es muy importante como para dejarla solo en manos de abogados, sobre todo cuando el tribunal constitucional se olvida de su propia historia y marca criterios de violación a los principios de convivencia. El pluralismo político es la semilla de la democracia, de ahí que algunos lo persiguen, rechazan y desde el estrado lo quieren borrar.











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