¡Al fin se animaron!

Por: Jorge Ernesto Fingado

La gran noticia de la semana para los habitantes del Triángulo Norte de Centroamérica, Guatemala, El Salvador y Honduras, ha sido la firma del convenio de Unión Aduanera, que gracias a Dios y la agudeza del Diario de Centro América, le han dado la importancia que por demás es vital, al publicar las cantidades porcentuales de habitantes e inversiones que significan hasta hoy miles de millones en dinero, producto de las negociaciones para un significativo segmento de la población que juntos nos sitúa en la octava oferta de desarrollo en Latinoamérica y que, por lo tanto, va a significar un real freno a la migración, desempleo, pobreza y tantos horrorosos males que venimos padeciendo por no tener los suficientes “criterios”. Ahora vienen acciones de promoción sustantiva por todos los medios de comunicación, a efecto de que estas acciones de nuestros gobernantes sean apoyadas con todo vigor, al igual que las instancias de organismos de Estado, para legalizar estos compromisos y no vaya a pasar como los famosos Acuerdos de Paz, que no fueron enviados al Congreso de la República para convertirla en Ley debidamente con los nombres de ciudadanos para evitar acuerdos sociales con entes dirigidos por personajes reales pero firmados con supuestos nombres, pero al fin algo se hizo bueno y valiente.

Sugiero que se entienda bien el propósito de este Atisbo, y no se malinterprete como una observación tardía, puesto que se está tratando ya de una decisión valiente y oportunidad que ¡al fin! se tomó, y que a mi juicio es una trascendental iniciativa legal para fortalecer las negociaciones, dar empleo, generar confianza y, sobre todo, la consolidación de la Soberanía Centroamericana.

Espero que pronto la Nación de México se una a este acuerdo para desarrollar y viabilizar las trabas aduaneras en sus fronteras con el Istmo y, así solo así, estaremos avanzando legalmente y con firmeza en la fuerza de vivir en paz y desarrollo que nos merecemos, y no seguir en luchas internas que solo desgracias nos han heredado.

Colaborador DCA