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COLUMNAS

“Adiós…, hasta mañana / ¿Habrá mañana?”

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Nos dice así y se dice así el poeta en sus Momentos, momentos, los suyos, que al hacerlos poesía, también los hizo nuestros, Momentos, el primero de sus libros.

Poeta, primer actor y gran mecenas del arte –y del artista– fue Luis Domingo Valladares Molina pero –sobre todo, tal la esencia– un ser humano maravilloso que supo dar amor y que también fue amado.

Uno de sus sobrinos, al momento de su muerte, del mismo libro, de sus Momentos, supo recordamos otro de sus versos: “He amado tanto,/que no me duele partir…/Quisiera reunirme con mis recuerdos,/ Y volver a vivir…”

El libro, entre mis manos, y –así– otros de sus versos: “Ayer. Hoy. Mañana./ Nací. Vivo. Moriré / ¡Y todo volverá a ser!” Y otro más: “¡Nacer!/ Luchar/ Luchar/Luchar/¡Morir!”

Poeta intimista (fino poeta intimista de la mejor escuela, tal lo que dijo de él Iván de Negri), fue también sensible a la realidad externa; profundo en la reflexión y fuerte en la denuncia –intimista denuncia–, categórica y fatal: “Hambre y miseria; Caprichos y lujos. / Revolución./ Caprichos y lujos; Hambre y miseria.”

Y también lo siente y nos lo dice, así: “Tanta belleza y cuánto Horror./ Tras la vidriera donde como goloso,/ Unos ojos se clavan en mí…/ Son ojos humanos, son ojos de niño,/ Son ojos de hambre…/ Son ojos que piden: Un pan, por favor…/ ¡No alma! Son ojos que claman ¡Justicia! ¡Venganza!/ Son ojos, ¡Conciencia! Son ojos De Dios…

Y, otra vez, sobre sí mismo: Yo que te amaba, lo imposible,/ Al tenerte entre mis brazos/ Me dormí…/ Y al despertar / Al despertar, ya no te amaba…

Y, llegando a sus abismos: “Hay algo que decir yo quiero,/ Que es algo que decir no puedo./ Hay algo por lo que vivo,/ Que es algo por lo que muero./ Ese algo que me tiene loco, / Ese algo me mantiene cuerdo. Ese algo que es lo que odio,/ Ese algo es lo que quiero.”

Más aún, en lo más hondo de sí mismo: “Tiemblan las hojas/ con mi Mirada de odio… Encontrar a quien se ama/ y no poder amar…/ Querer besar y tener que callar./ Esconder dentro del alma/ La razón de ser… Vivir dentro de un silencio eterno/ Que hace estallar el corazón…/ ¡Libérame oh, Tiempo!/ ¡Libérame oh, Muerte!”

Y, así, también, “El lago turbulento de nuestro inquieto Amar/ Hace zozobrar cuanta nave se interponga…/ arde poro con poro…/ Todo el infierno de nuestra pasión. / ¿Y Más allá?

Van pasando –uno a uno– sus momentos, momentos que hizo nuestros: “Contemplando las flores del campo…/ Vi nacer el sol,/ Sonreír la aurora,/ Cantar al ruiseñor/ Clavose una espina en mi corazón…/ Un gemido, un lamento, un llanto,/ Sentí guerra, peste, sangre…/ Contemplé aún más las flores,/ Y vi morirse el sol.”

Momentos termina y cierra, así, su última página: “Y mi último momento…/ Para el Ser que ordenó mi corazón, /… Y un día…”

El segundo de los libros de Luis Domingo fue Soledades y, de este segundo, sin estos, sus primeros versos: “El llanto de la soledad…tan amargo…/ Sentir ese vacío intenso de tumba…/ Nadie responde… nadie acude…/ Siempre esa soledad…/ Ese intenso silencio…/ Ese querer ser… y no querer ser…/ Nadie escucha…/ Gimo… lloro…/ Silencio… siempre el silencio. / Vibran mis sentidos… no tienen respuesta…/ Quiero callar… y vivo en un grito… / Un grito de angustia…/ un grito eterno de soledad… Soledad…” Y a estos siguen: “Tiempo que naces… ¿En dónde…? / Tiempo que mueres… ¿Cuándo….?/ Tiempo que Ayer fuiste Hoy…/ Tiempo que Serás y ya Eres… Tiempo… Tiempo…Vida.
Y otra vez el latigazo intimista de la realidad externa: “Hay niños que no son niños…/ Hay seres que no son seres… Hay hambre… Hay sangre… Hay muerte…/ ¡Ay alma…! “
Y la reflexión y la íntima denuncia: “Libertad… ¿Has existido alguna vez? / O reinas en el dominio de la muerte…/ ¿Quién es libre?… ¿El pobre peón…? / ¿El amo rico?… ¿El político…? ¿El artista…?/ ¿El escurrir…? ¿El religioso…?/ ¿No son esclavos del hambre, de prejuicios, de conveniencias, de vicios, de reglas, de necedades? / ¡Libertad, te venero sin conocerte! / ¡Libertad, tú vives en la muerte…!

¿La intimista protesta? ¡Pretender que nos entiendan!/ ¿Sabemos cómo somos…? / ¿De qué barrio venimos…/ ¿Hacia qué fin vamos…? / ¡Pretender que nos entiendan!/ …¡Bah…!

Nos brinda –también– generoso poeta –dulzuras infinitas– las que pudo recoger y también inventar: “La noche, novia del día…/ Llegó con retraso, / Se fue antes de tiempo / Y… se hizo desear …”

“Todo en un ir y venir…/ Todo en un estar y estarán…/ Todo en una noche de invierno/ Todo en una luna de ayer.”

Acisclo Valladares Molina
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COLUMNAS

Un buen logro

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SEBASTIÁN TOLEDO

guatemalaparatodos @gmail.com

De mayo a noviembre de 2021, la Asociación Guatemalteca de Personas con Discapacidad Manuel Tot (AGPD) ejecutó un estudio para determinar los efectos de la pandemia de Covid-19 en la población con discapacidad. 

El proyecto planteó la integración de una mesa técnica sobre gestión de riesgos de desastres y emergencias en salud con enfoque de discapacidad, con la participación de entes vinculados a la temática y organizaciones de la sociedad civil, bajo la coordinación del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.

Esta mesa tendrá la responsabilidad de articular los esfuerzos de instancias públicas y privadas de salud, para la inclusión de la población con discapacidad.

Entre otras funciones, esta mesa tendrá la responsabilidad de articular los esfuerzos de instancias públicas y privadas de salud, para la inclusión de la población con discapacidad en las políticas y planes de respuesta. Planteamiento que está en concordancia con la Convención Sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, el Marco de Sendai y el Plan Nuestra Guatemala K-tún 2032.

En línea con los instrumentos citados, se planteó un equipo que contaría con representantes de organizaciones de la sociedad civil: la Asociación Nacional de Ciegos, la AGPD y dos organizaciones de padres del departamento de Sololá, además de delegados de la Red Latinoamericana de Organizaciones de Personas con Discapacidad y sus Familias (Riadis) y la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS).

Tanto la Riadis como la OPS/OMS facilitaron el acompañamiento técnico y financiero a la iniciativa, que quedó institucionalizada mediante el Acuerdo Ministerial 02-2022, publicado el 11 de enero del 2022. 

Una medida que constituye respuesta a una de las principales demandas de la población con discapacidad, que históricamente ha estado excluida de los planes de respuesta de desastres y emergencias humanitarias.

Es justo hacer un reconocimiento a esta acción del Ministerio de Salud Pública, de la Riadis, la OPS/OMS, las organizaciones de personas con discapacidad y otras entidades que tomaron parte de la propuesta, hoy una realidad. Así mismo, debe valorarse como una oportunidad para instar a las demás dependencias públicas, que en función de su mandato y competencias revisen la experiencia e impulsen espacios similares, para promover soluciones a la problemática que enfrentan las personas con discapacidad.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

James Bond vuelve a casa

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Ana Sánchez de la Nieta

Revista Nuestro Tiempo

Sin tiempo para morir es un ejemplo de cómo se puede adaptar un clásico que se había quedado absolutamente acartonado. La
evolución del personaje ha servido para resucitar una saga moribunda. Como dice un buen amigo, a mí lo que me gusta es hablar de la vida aprovechando las películas… Y voy a hablar de mis reflexiones sobre James Bond. Aviso, hay spoiler.

La última película de Bond, además de sacar la saga del dique seco, me parece el broche final de una interesante evolución del agente 007 hacia una masculinidad mucho más sana. Y aquí hago un inciso para los que piensen (con toda la razón,  probablemente) que qué hago yo metiéndome en el jardín de las masculinidades.

Después de este inciso, entremos en materia. James Bond siempre se ha presentado como un personaje cien por cien masculino dirigido a un público mayoritariamente masculino. Un hombre de acción, sin miedo al peligro, resolutivo y frío, que además podía presumir de una elegancia y atractivo que le hacían absolutamente irresistible para las mujeres, que estaban encantadas de sentirse maltratadas por un tipo con tanto glamur.

El recorrido termina en un legado sorprendente.

Al escribir estas líneas una se pregunta cómo semejante personaje pudo sobrevivir al siglo XX. Pero lo hizo. Lo de los papeles femeninos, mejor lo dejamos para otro día. La resurrección empezó hace quince años, en 2006, con Casino Royale y con el estreno de Daniel Craig como James Bond.

El actor británico repetía muchos clichés de los agentes anteriores (seguía siendo igual de atractivo), subrayaba la ironía de Ian Fleming pero, y aquí estaba lo novedoso, añadía profundidad a la historia de nuestro protagonista, que, por fin, tenía un pasado y sufría por un futuro. Un sufrimiento todavía un poco básico, pero algo es algo. El agente 007 comenzaba, tímidamente, a explorar sus emociones, y sus relaciones no eran mecánicas y sin consecuencias. Dejaban una huella. Como en la vida real.

Y no me refiero solo a sus relaciones con las mujeres, que por supuesto, sino con sus jefes, con sus compañeros, con sus amigos e incluso con sus adversarios. Y esta evolución en las cinco películas del que algunos llaman ciclo Craig culmina con un broche de oro en Sin tiempo para morir. Porque ya no se trata de que James Bond tenga amigos y sufra por ellos, o que no utilice a las mujeres como hasta ahora. No se trata incluso de que sea capaz de valorarlas e incluso de ser fiel a su pareja.

Todo esto ha ido configurando al protagonista en los últimos títulos, pero hay un paso más. El recorrido termina en un legado sorprendente: la paternidad. Sorprendente, aunque en cierto punto lógico, porque la evolución de James Bond le ha llevado de un encerrado solipsismo en el que los demás eran simples instrumentos para conseguir retos (unos más confesables que otros) a un darse en una relación más sincera, más gratificante y mucho más fructífera. Este proceso de Bond no se entiende sin su progresivo abrirse al resto de personajes.

Y ese abrirse se traduce, en las sucesivas películas, en aceptar, en perdonar, en renunciar, en pedir perdón, en ceder. En amar. Y, por eso, el final de Sin tiempo para morir me parece sencillamente espectacular para entender el valor de la nueva masculinidad. Una masculinidad que se demuestra, en primer lugar, en lo doméstico y en lo cercano. Después de recorrer el mundo, James Bond (ahora sí, irresistiblemente atractivo) vuelve a casa.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Electricidad, músculo industrial (I)

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Rodrigo Fernández Ordóñez 

Director Presidente

Comisión Nacional de Energía Eléctrica

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Uno de los retos más importantes que tuvo que enfrentar la
Guatemala republicana fue insertarse en el orden mundial luego de surgir como República independiente, el 21 de marzo de 1847, año en que fue liquidado el pacto federal.

Quien puso el clavo final en el ataúd de la malhadada República Federal de Centroamérica fue el diputado federal Basilio Porras, quien en la última sesión de este Congreso, celebrada en julio de 1838, en una triste alocución en que desmenuzó las razones de nuestro fracaso político unionista, declaró disuelto el pacto originado en la Constitución Federal de 1824.

Guatemala tuvo que buscar su lugar en el escenario mundial que se concentraba en la Europa posnapoleónica, que expandía su influencia a base de posesiones coloniales en Asia y África donde la América española tenía poca cabida y sus países se enfrentaban por definir fronteras. La guerra del Pacífico, la guerra de la Triple Alianza y la guerra contra México de 1847 fueron conflictos que desangraron al continente y reordenaron su geopolítica.

Guatemala inicia su carrera por dar forma a su
economía.

La conquista del sur argentino, las guerras del cacao y las campañas de la guerra en el sertón, ambas en Brasil, fueron campañas de eliminación de la población nativa para ocupar sus territorios y explotar sus tierras. 

En ese escenario convulso, Guatemala inicia su carrera por dar forma a su economía que tenía dos áreas diferenciadas: la economía de exportación, dedicada a exportar cacao, añil, cochinilla o café; y una economía interna dedicada al abasto local de los productos, muy estacional y que no alcanzó su desarrollo hasta que Ubico, al extender 11 000 kilómetros de red vial, dio cohesión territorial al país a la par de crear una red de intercambio de bienes que superó el aislamiento de ciertas regiones del país.

Esta red vial interconectó carreteras, rutas departamentales, caminos municipales y vecinales a los diversos pueblos del país, dejando a un lado el norte más quebrado y difícil de alcanzar por las condiciones del terreno y que todavía en la actualidad se busca superar con el desarrollo de la ya mítica Franja Transversal del Norte que busca conectar a Izabal, Alta Verapaz, Quiché y Huehuetenango. La red vial inaugurada por Ubico despertó el afán comercial del centro del país y permitió abaratar costos de producción y transporte e impulsó la penetración de productos en zonas en las que eran completamente ajenos. 

Del impacto de esta red da cuenta el antropólogo estadounidense Sol Tax en su libro en dos volúmenes La economía del centavo, en el que vemos llegar a Panajachel productos que al inicio del proyecto de investigación no se tenía noticia. La investigación de Tax abarca desde 1931 hasta 1942; es decir, la casi totalidad del régimen ubiquista, y explica el impacto económico que tuvo este autoritario gobernante en la historia del país.

La redención de las deudas de finca fue una medida que liberó al mercado laboral cautivo en las fincas de café. Esta medida liberó mano de obra para ocuparla en los trabajos viales y construcción de obras públicas que impulsó Ubico en una aplicación del trabajo forzoso para aplicar las teorías keynesianas para salir de la depresión de 1929. Hay testimonios de la injusta aplicación del Reglamento de Vialidad y de la Ley contra la Vagancia, utilizados como herramienta coercitiva por el Gobierno para desarrollar obras al menor costo posible a cambio de la servidumbre del trabajador.

Liberar esta mano de obra fue positivo, pues permitió al campesino rural de la finca buscar trabajo fuera de ella y le permitió cambiar del trabajo agrícola a otro tipo de oficios lejos del quehacer de la  que sumó al rápido desarrollo del comercio en Guatemala y un lento pero sostenido esfuerzo en la industrialización del país en las décadas siguientes.

Colaborador DCA
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Gobierno de Guatemala

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