ACISCLO VALLADARES MOLINA

Y tiene que hacerse la campaña electoral, de puerta en puerta, porque no puede el Primer Ministro seguir al frente del Gobierno si pierda la elección en su distrito (su pequeño distrito).

Pese a que el Primer Ministro es ni más ni menos que el Jefe de Gobierno en un sistema parlamentario como el que rige en el Reino Unido, si pierde la elección en su distrito, pequeño distrito, queda excluido del Parlamento y, excluido de este, no puede ser ya parte del Gobierno. (El Primer Ministro como todos los Ministros tiene que ser miembro suyo y para ello tiene que ganar la elección en su distrito).

No existe una prohibición expresa de que puedan formar parte del Gobierno quienes no sean parlamentarios pero tal es la costumbre y son poquísimas las excepciones que se han dado.

El requisito es sumamente sabio puesto que la necesidad de ganar la elección en su distrito –pequeño distrito– hace que el gobernante no pierda contacto con los intereses, los principios y los valores de sus electores, obligándole a acudir, de puerta en puerta, en la búsqueda del voto importante ejercicio de humildad para quien haya de ejercer el poder y –otro tanto– ocurre incluso con la oposición: Imposible ejercer la jefatura de la oposición si “el líder” no ha ganado su distrito, como imposible que formen parte del “gabinete en la sombra” el gabinete de oposición, quienes no hayan ganado el suyo.

Este, el sistema de los distritos pequeños, sin ser perfecto, es el sistema político electoral que más acerca el ejercicio del poder a los electores, representados en el Parlamento (El Congreso) por aquel a quien eligen y cuyo trabajo podrán sancionar con el premio de la reelección, si bien lo hizo y, si mal, con el contrario castigo. El sistema electoral de los distritos pequeños opera con éxito en las monarquías parlamentarias (bastante más “republicanas” que muchas repúblicas) y resulta toral también en los sistemas presidencialistas: Nada mejor que un Congreso fuerte y representativo como necesario contrapeso del poder.

En los Estados Unidos de América –sistema presidencialista– son pequeños los distritos para elegir a los miembros de la Cámara de Representantes, tal y como lo son en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte –constitucional monárquico– para elegir a los miembros de una de sus cámaras.

En ambos sistemas puede inscribirse como candidato a diputado todo aquel que quiera serlo, sin necesidad de que le postule un partido político y en ambos opera el premio y el castigo: Quien quiera tener una carrera parlamentaria debe cuidarse muy bien de servir a sus electores.

El mandato para la Cámara de Representantes, en los Estado Unidos de América, es de cuatro años pero, cada dos, se renueva la Cámara por mitad. En el Reino Unido, de cinco.

Pienso que en Guatemala se hace preciso, al menos de inmediato, que el mandato de los diputados sea tan sólo de dos años, única forma –apremiante al extremo– para asegurar la fidelidad del electo con sus electores.

De puerta en puerta, cortas las distancias y pequeño el número de votantes –barata la campaña– el candidato conocerá a quienes le eligen, sus intereses, principios y valores y los electores conocerán a los distintos candidatos, sólo uno de ellos, el ganador, será SU diputado.

La reforma del artículo 157 de nuestra Constitución permitiría que, tal y como ocurre en aquellos sistemas, sepa todo guatemalteco –finalmente– quién es SU diputado.

Y, a propósito ¿Quién es SU diputado?

Acisclo Valladares Molina