¿Cuál es el camino?

Los años me han ido dando una experiencia que respetuosamente comparto con Ustedes, experiencia que me hace percibir que es tan sólo un artículo de la Constitución, el artículo 157, el que ha determinado que los guatemaltecos no nos sintamos representados en el Congreso y que, efectivamente, no lo estemos, desconocedores todos y cada uno de quién es SU diputado.

Y, a propósito ¿Quién es su diputado?

El diputado, por su parte, tampoco conoce a sus electores, sus intereses y principios, no siendo los electores –para el diputado– más que una masa informe.

Esto es gravísimo porque el diputado actúa –el sistema así se lo permite– como se le viene en gana y, el elector, por su parte, no puede sancionar el trabajo que realice, imposible que pueda sancionarlo si ni siquiera sabe quién es SU diputado.

Si el ciudadano no se percibe representado en el Congreso –ni lo está– de igual forma se percibe ajeno –y ajeno está– de las grandes decisiones nacionales como lo son la formulación del presupuesto y de las leyes.

El único camino para corregir esta situación implica –necesariamente– la reforma del artículo de la Constitución citado, el 157, artículo que establece la lista nacional de diputados y que determina los listados distritales como consecuencia de los distritos inmensos que establece, cada departamento un distrito, así como el largo periodo de cuatro años en el ejercicio del cargo –periodo que resulta ser lo suficientemente largo para que los diputados pierdan– si alguna vez llegaron a tener alguno todo contacto con los electores.

Si se suma a todo esto que sólo los partidos pueden postular candidatos, tenemos el cuadro completo: Campañas largas y caras que excluyen a los ciudadanos comunes de toda posibilidad de participación electoral.

¿Cuál es el camino, entonces? Solamente uno, la reforma del artículo 157 de la Constitución, no siendo necesario que se haga ninguna otra reforma constitucional.

Cuando ya en manos del pueblo la definición del presupuesto y de las Leyes, todo lo demás, caerá por su peso.

La reforma del 157, tal y como propuesta: Se inscribe como candidato quién quiera, sin necesidad de que le inscriba un partido político; no existe listado nacional de diputados y todos los distritos electorales son pequeños, 158 en total; En cada distrito se elige un solo diputado y llega al Congreso, en consecuencia, sólo aquel candidato que gana la elección en el distrito (el que más votos obtiene, sin fórmulas raras) siendo la campaña electoral corta y barata precisamente por ser pequeños los distritos (cada uno de aproximadamente sesenta mil votantes) tamaño que permite que se conozcan candidatos y electores: el mandato del diputado electo, un mandato corto de dos años: Si lo hace bien, reelecto y, si mal, echado del Congreso.

¿Viable esta propuesta? Claro que es viable, pero depende de nosotros. No se trata de presión física sobre los diputados, ni de presión mediática, sino de la presión moral que es propia del conocimiento: el sistema actual, no funciona. En tanto que en otros países se ha logrado superar el círculo vicioso de la ignorancia y de la enfermedad determinantes de miseria y esta determinante de enfermedad y de ignorancia, nosotros, en este persistimos.

Inseguridad, falta de infraestructura, desconfianza ¡Algo está pasando! y nada cambiará, si persistimos en lo mismo.

En manos de los diputados, el cambio y –si somos capaces de convencerles– harán la única reforma que es capaz de cambiarlo todo, la del artículo 157. Si no lo hacen, bien lo saben, se ahogarán en el sistema que se ahoga.

Acisclo Valladares Molina