El país ha sido identificado como territorio clave en la búsqueda de impulsar el Global Roadmap, estrategia que propone soluciones integrales en seguridad alimentaria, degradación ambiental y desigualdades sociales, mediante inversiones que fomenten el desarrollo económico inclusivo, afirma David Laborde, director global de Economía Agroalimentaria y Políticas, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), a quien entrevistó el Diario de Centro América.
De esa cuenta, informa que con el gobierno de Bernardo Arévalo se desarrolla una hoja de ruta que pretende la transformación de los sistemas alimentarios, lo que permitirá realizar alianzas multisectoriales e innovadoras, basadas en datos con el objetivo de generar soluciones.
¿Qué relevancia tiene la iniciativa para el país?
El FAO Global Roadmap está enfocado en proveer herramientas que nos permitan tener buena comida y alimentos saludables para hoy y mañana. Esto significa garantizar el acceso a víveres a todos, pero considerando los desafíos climáticos.
En el caso de Guatemala, esto significa reducir la inseguridad alimentaria, el hambre y las emisiones de gases de efecto invernadero; es decir, el mal uso de los recursos naturales. Este es un doble reto.
¿Cuáles son los principales desafíos que se presentan?
A nivel global, tenemos la dificultad de que podemos producir la suficiente comida, pese a que no todos tienen acceso a ella. Sumado a lo anterior, se debe lidiar con el cambio climático, el cual impide que produzcamos lo suficiente. Guatemala tiene mucho potencial agrícola, pero también el inconveniente de niños que sufren de desnutrición y, otros, de obesidad.
Además, en el área del Corredor Seco, los choques climáticos generan mucha más vulnerabilidad en las personas.
¿Cómo puede contribuir esta herramienta en el desarrollo de un plan de acción para transformar los sistemas alimentarios?
Nosotros sabemos lo que queremos conseguir, la pregunta es cómo; entonces, necesitamos acciones concretas y estas deben ser bien diseñadas, considerando el contexto local.
Adicionalmente, estas acciones deben ser consistentes entre ellas, lo que llamamos la coherencia de las políticas, lo cual ayuda a movilizar recursos, porque a los inversores no les gusta ver confusión en estas herramientas, lo cual les asegura que no malgastarán esfuerzos ni recursos.
¿Qué impacto se espera lograr con esto y en cuánto tiempo?
Transformar los sistemas agroalimentarios va a tomar muchos años, ya que solucionar los problemas que acabamos de conversar llevaría por lo menos 25 años, pero nosotros queremos ofrecer resultados concretos cada año.
¿Cómo avanza Guatemala en la hoja de ruta que facilita la implementación de estos sistemas?
Tenemos un proyecto piloto en cinco países: Etiopía, Indonesia, Kenia, Dinamarca y
Guatemala.
Acá vemos mucha oportunidad, principalmente porque el Gobierno busca la transformar los sistemas agroalimentarios.











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